Año Nuevo,  ¿Vida Nueva?

Por: Ramón Talavera Franco

En el preciso momento en el que comemos las doce tradicionales uvas, brindamos y nos damos los abrazos, todos nos deseamos lo mejor para este nuevo año. La mayoría de nosotros nos hacemos promesas: “voy a comenzar una dieta”,” voy a conseguir un mejor empleo”, “voy a ser más tolerante”, “voy a ser un mejor hijo”, “voy, voy, voy”.... pero... ¿cuántas de todas las promesas que nos hacemos cumplimos al finalizar el año?

Un amigo me dijo un año nuevo: “Yo ya dejé de hacerme promesas. Me di cuenta de lo absurdo que era hacérmelas si no tenía la disposición de cumplirlas”.

Cuando lo conocí, era un hombre que tenía 20 kilogramos de sobrepeso, era soltero, malhumorado y tenía un trabajo mediocre aunque estable. Pero cuando me dijo lo anterior, ya había recuperado su peso normal, vestía a la moda, había dejado el empleo en el que lo conocí y trabajaba como gerente en otra compañía; seguía soltero, pero su carácter había cambiado, llegando a convertirse casi casi, en el alma de las fiestas.

  ¿Cómo lograste tu cambio? – le pregunté.

  “Dejando de hacerme promesas absurdas e irrealizables, pero comprometiéndome a hacer cambios pequeños todos los días sin fijarme fechas. Yo todos los años me prometía muchas cosas y la euforia del año nuevo, me hacía iniciar algunos cambios pero pronto los abandonaba. Cuando iniciaba la dieta, me desesperaba bajar muy lentamente de peso y la abandonaba; cuando quería encontrar un mejor trabajo, el pretexto de la falta del tiempo para buscarlo era mi mejor aliado y bastaba con que fuera a dos o tres compañías a pedir trabajo y no encontrarlo, para que abandonara este proyecto. Así que empecé a cambiar cuando comprendí que los cambios en la vida se hacen paulatinos. Que no puedes cambiar tu historia personal de la noche a la mañana, pero que sí lo lograrás si eres constante. La constancia es la llave del éxito y decidí optar por ella.”

Suena fácil - le dije-  pero ¿cómo inició todo?

"Precisamente un año nuevo. Fue el año que me prometí no prometerme nada. Pero al día siguiente me fijé una pequeña meta que consistía en: comer menos, regular mi dieta y mejorar mi peso. Así, todos los días me levantaba y me recordaba que quería bajar de peso. Tenía que recordármelo todos los días porque si no, era fácil hacerme tonto y olvidarlo. Opté por la filosofía de los que acuden a alcohólicos anónimos: “solo por hoy dejaré de beber”, en mi caso era: “solo por hoy, comeré menos, o quitaré azucares, o quitaré grasas” Sabiendo que soy humano y que por lo tanto tengo debilidades, no me angustiaba mucho si un día me comía un enorme postre, pero si lo hacía, al día siguiente evitaba hacerlo. Así, sin fijarme fechas y casi sin darme cuenta, bajé de peso. La ropa no me quedaba y comencé a mejorar mi guardarropa y esa sensación de verme bien, me hizo sentir bien. Paso seguido, empecé a buscar un mejor trabajo y como mi apariencia mejoró, mi sentido del humor mejoró también y fui contratado en la compañía en la que estoy ahora donde a los pocos meses me nombraron gerente.”

¿Y todo eso en cuanto tiempo sucedió?

En cosa de año y medio. Pero así es la vida real. Las cosas no cambian de la noche a la mañana, no porque llegue el año nuevo, tu vas a ser nuevo al día siguiente. Pero si uno es constante tarde o temprano lo logra. Yo por eso decidí no hacerme promesas. Decidí mejor ser constante en mis objetivos y  tratar de mejorar cada día, no sólo la noche de año nuevo. Si hubiera seguido haciéndome promesas, seguiría siendo el mismo gordo frustrado que conociste. En cambio, como decidí cambiar y enfrenté el reto, el cambio llegó y con él una nueva vida.

  Usted, ¿quiere seguir haciéndose promesas este año nuevo o prefiere cumplirlas?