SANTA CLAUS

 

En el siglo IV vivía en Bari, al sur de Italia, el Obispo Nicolás, un santo varón que se distinguía por su bondad, especialmente con los niños a los que protegía de forma muy singular. Después de su muerte, fue glorificado por sus buenas obras. Con la expansión del cristianismo  por Europa, su fama penetró muy hondamente en las tradiciones populares, como protector y bienhechor de los niños. En esta forma se perpetuó su culto, incluyendo en las naciones anglosajonas, quienes lo tomaron injustamente como “suyo”, pero la verdad es otra y por lo tanto San Nicolás, llamado, Santa Claus, no es anglosajón.

 

OTRA TEORIA

 

A Santa Claus también se le conoce con el nombre de San Nicolás, patriarca de Patars (Turquía). La leyenda cuenta que una noche de navidad paseaba San Nicolás por un barrio pobre y al pasar por una choza escuchó llorar a unos chiquillos, en esos momentos motivado por la curiosidad se acercó y miró a través de la rendija de la puerta: vio a un anciano sentado en una silla y alrededor sus tres hijas. En la chimenea apenas queda fuego, y tampoco tiene leña. Nicolás, llevado por sus buenos sentimientos, coge varias monedas de oro y las arroja por la chimenea de la choza lo cual lleno de alegría al anciano y sus tres hijas. De ahí este acto de tirar las monedas a la chimenea fue origen más tarde la costumbre de poner zapatos y calcetines en la ventana y chimeneas, esperando regalos del santo.