DICEN QUE EL RÍO BRAVO ES CHARCO”: REPRESENTACIONES DEL RÍO BRAVO EN LA HISTORIOGRAFÍA Y LA LÍRICA POPULAR.

                                                              Autores:  Arturo Lozano, Cristóbal López

 

Contrabando machaca

de aquí para allá y de allá ¡para acá!

Cruzando el Bravo charco

hacia los grandes ranchos

¡hacia los grandes ranchos!

de dónde vamos a sacar

para vivir ¡para morir!

somos del mismo rancho ¡la raza!

-Cabrito Vudú-

I. Introducción.

Este trabajo parte de tres preguntas 1. ¿Cuál fue la representación histórica del Río Bravo, desde la época colonial hasta el presente?, 2. ¿Cómo es concebido y descrito el Río Bravo por nuestros cantautores contemporáneos de corridos? y 3. ¿Qué significados explícitos -e implícitos- tiene el mismo en el imaginario colectivo de la región?

Para responder a nuestras tres interrogantes vayamos por partes, hablemos de las visiones o connotaciones del río entre los primeros exploradores y colonos de la región.

 

II. El Río Bravo. Marco histórico y geográfico.

El Río Bravo nace en el Rio Grande National Forest, en el condado San Juan, Colorado, en Estados Unidos; en sus orígenes es una corriente clara, refrescante y alimentada por la nieve derretida de las montañas, a una altura de 3600 metros sobre el nivel medio del mar. Se origina en la división de la plataforma continental en las montañas San Juan. El río corre a través del estado de Nuevo México hasta El Paso y Ciudad Juárez, en la unión de Chihuahua y Texas. En tal punto y debido al Tratado de Guadalupe Hidalgo (1848), el cual dio término a la Guerra entre Estados Unidos y México, el Río Bravo se convierte en la frontera internacional entre ambos países, hasta desembocar en el Golfo de México.

El Río Bravo ha sido conocido con muchos nombres a través del tiempo, así como en diferentes partes de su curso: los indios Pueblo le llamaron Posoge, que significa “gran río”. La expedición de Hernando de Alvarado le llamó Río de Nuestra Señora en 1540. Fue llamado River of May (Río de Mayo) por tres marineros británicos en 1568; en 1581 la expedición de Agustín Rodríguez le llamó Río de Nuestra Señora de la Concepción y Río Guadalquivir. Para 1598 ya llamaban a su curso bajo Río Bravo, forma como aún lo seguimos llamando en México, así también como Río Bravo del Norte. En 1582, una expedición encabezada por el comerciante Antonio de Espejo viajó por el Río Conchos hasta su desembocadura hasta un río que llamó Río del Norte y Río Turbio.

Se cree que Juan de Oñate fue el primero en llamar al río que nos ocupa Río Grande, cuando en 1598 alcanzó sus bancos cerca del lugar en el que en el futuro se asentaría El Paso. Estos nombre quedaron más tarde consolidados como Río Grande del Norte, que es la denominación que se sigue utilizando en Estados Unidos para llamar al río en cuestión. Fue el Río Bravo al que Fernando del Bosque llamó Río de San Buenaventura del Norte en 1675 y al que el Padre Damián Massanet pudo haber llamado Río Ganapetuán en 1691. El río fue además llamado Río Caudaloso y todavía en un mapa de 1700 aparece como Río del Norte y de Nuevo México.

El Río Bravo nunca fue explorado como una unidad por ninguna persona o grupo. Se cree que Alvar Nuñez Cabeza de Vaca lo cruzó en 1535 o 1536 y Francisco Vázquez de Coronado en 1540. El gobernador español Juan Bautista de Anza lo examinó en 1779, así como Zebulon Montgomery Pike en 1806 y John Charles Frémont en 1849. Sin embargo, el río no fue correctamente plasmado en los mapas antes del extenso trabajo que las comisiones fronterizas mexicana y americana elaboraran por las necesidades surgidas a raíz del Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848 y nuevamente por la compra Gadsden en 1853-54, en la cual el Mayor William Hemsley Emory por Estados Unidos y José Salazar y Larregui por México fungieron como comisionados de límites.

Los franceses, en base al desembarco accidental de La Salle sobre la costa texana, hicieron intentos a medias para reclamar que la Louisiana se extendía hasta el Río Bravo. Tal reclamación fue aún mencionada en 1803, en los tiempos de la compra de Louisiana por Estados Unidos y no se renunció definitivamente a ella hasta el Tratado Adam-Onís de 1819, no obstante que por más de dos siglos el Río Bravo había sido reclamado por España, nación que había ejercido un control considerable sobre el río durante la mayor parte de ese tiempo. En 1836 la República de Texas hizo reclamaciones sobre el río, respaldándose en documentos testimoniales con una antigüedad de más de 100 años, donde establecía como sus límites desde la desembocadura hasta el curso alto para así formar los límites suroeste y oeste de la República. Stephen F. Austin en su función de secretario de estado de la República de Texas, enviaba correspondencia a William H. Wharton, quien negociaba en Washington la anexión a Estados Unidos del territorio texano, instruyéndole para prometer a los estadounidenses la frontera suroeste si es que eso ayudaba a la incorporación de Texas en la Unión. Durante la república, pequeños asentamientos se desarrollaron al sur del Río Nueces y el Río Bravo nunca estuvo realmente bajo control texano hasta que el General Zachary Taylor estableció su autoridad al comienzo de la Guerra entre Estados Unidos y México. El Río Bravo fue finalmente reconocido por México como la frontera con Texas en el Tratado de Guadalupe Hidalgo.

Dependiendo de la forma en que sea medido, el Río Bravo es el trigésimo segundo río del mundo en cuanto a longitud y el cuarto o quinto más largo de América del Norte. Para 1990 la población a lo largo de sus riveras a ambos lados de la frontera excedía los 5 millones de personas. No obstante su longitud varía según su curso cambia, se ha calculado una longitud desde su nacimiento hasta su desembocadura de poco menos de 3000 kilómetros y, tan sólo en la zona fronteriza, su longitud alcanza aproximadamente 2000 kilómetros. Los principales tributarios del Río Bravo son, por el lado americano, los ríos Pecos, Devils, Chama y Puerco y, por el lado mexicano, los ríos Conchos, Salado y San Juan. Las mayores ciudades y pueblos que se encuentran en sus riveras son, por el lado americano, El Paso, Presidio, Del Rio, Eagle Pass, Laredo, Rio Grande City, McAllen y Brownsville y, por el lado mexicano, Ciudad Juárez, Ojinaga, Ciudad Acuña, Piedras Negras, Nuevo Laredo, Camargo, Reynosa y Matamoros. Los estados mexicanos que bordean el Río Bravo son Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. En 1980, Ciudad Juárez fue la ciudad más grande sobre el Río Bravo así como sobre la frontera internacional y El Paso fue la segunda ciudad más grande sobre la frontera. Las dos ciudades constituirían una de las mayores áreas metropolitanas del mundo si el Río Bravo no las dividiera.

La agricultura y la cría de ganado vacuno son las principales ocupaciones a lo largo de Río Bravo, no obstante las maquiladoras están convirtiéndose rápidamente en las mayores receptoras de empleo, especialmente en México. El Río Bravo nunca ha sido navegable con excepción de su desembocadura y, en contadas ocasiones en el pasado, hasta los Laredos; sin embargo, siempre tuvo un caudal aceptable que permitió regar tierras y abastecer de agua potable sin grandes problemas a las comunidades fronterizas. Está situación ha cambiado en los últimos años, llegando al extremo de que en junio de 2001 se registró un desecamiento del cauce de hasta 100 metros antes de su desembocadura, problema que fue resuelto liberando agua de la Presa Falcón; este desecamiento propició una crisis de abastecimiento de agua principalmente en los municipios mexicanos de Reynosa y Matamoros, lo que constituye una señal de alerta sobre el cuidado de este recurso para el futuro próximo.

El valle de Juárez-El Paso, con una longitud de más de 140 kilómetros, es la más antigua área irrigada de la región. En este valle están Ysleta, Socorro y San Elizario, las tres poblaciones más antiguas del estado de Texas.

El río Bravo causó fricciones entre México y Estados Unidos a la altura de El Paso en la década de 1870, cuando el río penetró ligeramente en la riveras del lado mexicano y gradualmente transfirió tierras a los Estados Unidos. La famosa disputa del Chamizal no fue resuelta hasta 1963, cuando esas tierras fueron devueltas a México a través de un acuerdo internacional que fortaleció las economías de Ciudad Juárez y El Paso. Un evento similar, aunque mucho menos conocido, ocurrió entre las ciudades de Presidio y Ojinaga, resuelto también en favorables términos en 1970.

  III. El río en la lírica regional.

En primer lugar aclaremos que el río, en general, es una manifestación por excelencia de fertilidad y por lo tanto de vida; no obstante, como muchos símbolos, su significado puede invertirse y aparecer como metáfora de tragedia y muerte. Tanto a nivel individual como comunitario; así ocurre en canciones como la “Tragedia de Rosita”, donde se habla de una mujer que va a lavar ropa y es violada y muerta por un ranchero:

Debajo de aquel encino

que en ese lugar creció

aquel torvo campesino

de Rosita se burló

luego la echó el remolino

y el río se la llevó.

Luego que el Beulah pasó

nos dejó tormentas de agua,

desbordando el Río Grande,

dejando a muchos sin nada.

(Ramiro Cavazos, “un corrido más al Beulah”, en: Francisco Ramos Aguirre, Historia del corrido en la frontera tamaulipeca (1844-1994, p. 132) En otra historia, la de un duelo, acaecido cerca de Monterrey, dos hombres se citan en un aguaje y se dan muerte a balazos. Aquí, el agua no se lleva a los muertos, sino que se da a entender que el flujo del líquido disminuye por causa de los mismos:

A las seis de la tarde cayeron.

al aguaje dos cuerpos sangrando

por rencillas muy viejas murieron

y el aguaje se ha ido secando.

 

En otra famosa historia, la de “nomás las mujeres quedan” (corrido de Julián Garza que desencadenó el argumento de una película), se narra un pleito entre familias que poco a poco va despoblando de varones un cañón de la sierra. En este caso la metáfora del río seco refuerza la idea del abandono, olvido y soledad de las mujeres:

 

Ya ni la milpa florece.

y el campo está abandonado

ni la hierba mala crece

se ha muerto todo el ganado

y el río según parece

también ya se está secando.

 

Otras veces, se invoca al río como testigo de los trabajos y los días de ciertos personajes o comunidad; también, como parte del recuerdo y añoranza del terruño natal; tal es el caso de los siguientes dos corridos, el de Chico Fuentes, y el del negro Cisneros:

 

Adiós río de Tamazula

ya no lo verás cruzar

porque sufrió un accidente

cerquita de Culiacán

una cruz lleva su nombre

Francisco Fuentes Jiménez

que no podrán ni tocarlo

ni el capitán ni el teniente.

(DAR, Corrido de Chico Fuentes,  Luis y Julián, Las voces del corrido, s/l, s/e, K-LyJ-1005, s/f,).

 

Soy el Negro Cisneros y amigos

de ese rancho llamado el Frontón

de ese rancho pegadito al Bravo

les saludo desde la prisión

estoy preso pero no estoy muerto

           este negro es puro corazón.

(DAR, “El negro Cisneros”, en: Beto Quintanilla, El ondea’o, el asesino enyerbado, Monterrey, RyN, RyN-1380, s/f).

En otras dos canciones, interpretadas por los Invasores de Nuevo León, se canta, lo mismo al río de la frontera norte que a fuentes de agua de la frontera sur:

Ese famoso Río Bravo

yo me cansé de pasar

en las Lomas de Miranda

tuve la dicha de andar

y el pueblo Nuevo Guerrero

feliz me vio regresar.  

(Lalo Mora, “Frontera Chiquita”, en: Los Invasores de Nuevo León, La ley del corrido, México, dlv-EMI, 503/724383375929).

 

Bonito es el río Suchiate

también las olas del Balsas

les encargo a mi morena

mientras voy a Guatemala

y si acaso no regreso

es porque ya me tocaba.

(Paulino Vargas, “El Leopardo”, en: Los Invasores de Nuevo León, La ley del corrido, México, dlv-EMI, 503/724383375929).

Finalmente, en su acepción más sencilla, el río aparece como paisaje básico de la vida campesina, casi un símbolo de la misma; está es la connotación que posee de manera indirecta en corridos como el de Otilio Betancourt:

 

Clavan una cruz de palo

es símbolo campesino

palomas que andan volando

no hallan calor en el nido

su caballo anda muy triste

por la ribera del río.

           (DAR, “Otilio Betancourt”, en: Carlos y José, s/t, s/l, dlv, X-DLV-278, s/f).

 

IV. El Bravo.

Lo anterior respecto al río. Pero, ¿qué sucede con la otra parte importante de nuestro elemento natural, su nombre y sustantivo? Para empezar, voy a situarme en otra región del continente y no me voy a limitar a la lírica popular. En algunas regiones de Sudamérica: sierras bravas, cerros bravos, pasos bravos, lagunas bravas, etc., suelen envolver algún misterio. Todo lugar bravo presenta fenómenos ígneos, acústicos y dinámicos, producidos por causas “misteriosas” que la gente atribuye a la acción inmediata de espíritus o seres fantásticos escondidos en los antros de las serranías o en el fondo de las aguas.

La calificación de “bravo” viene de las dificultades -y reto- que naturalmente presentan para el hombre, al que tratan de perder, extraviar o simplemente destruir, envolviéndose a veces en nieblas densas, rutas perdidas, remolinos.

Identificaciones análogas encontramos en nuestro ámbito regional. Cuando le pregunté a un reynosense si sabía el origen del nombre del río, contestó que lo de Bravo se debía quizás a que mataba gente. Hallamos una acepción semejante en corridos como el de Noble engaño, que dice en su coro:

 

A Joaquín se le hizo fácil

el Río Bravo cruzar

pero el río iba crecido

y no lo pudo lograr

Pedro lloraba el fracaso

casi perdió la razón

al ver a su hermano muerto

en ese río traidor.

       (DAR, corrido “noble engaño”, varios intérprtes)

La palabra que nombra dicho río la podemos hallar en otras asociaciones de nuestra habla popular. El refuncionalizado Piporro hizo famosa una localidad imaginaria de Nuevo León llamada “Perros Bravos”; también, existen varios grupos de acordeón y bajo sexto que toman el vocablo como emblema, tal es el caso de Ramón Ayala y sus Bravos del Norte, Los coyotes del  Río Bravo, Los cuervos del Bravo, Los Estrellas del Bravo; existe hasta una casa disquera llamada Discos del Bravo.

A estas alturas, vamos a retornar a las preguntas iniciales de este bloque: 1. ¿Cómo es concebido y descrito el Río Bravo por nuestros cantautores de corridos?, y 2. ¿Qué significados explícitos -e implícitos- posee en el imaginario colectivo de la región?

Empecemos por lo evidente, el Río Bravo es sinónimo de frontera: reto, aventura, esperanza de mejor vida; pero también de peligro: exilio, prisión o muerte. En fin, de drama o tragedia. El Bravo da nombre a los emigrados que lo cruzan: los mojados, y a los que a veces los ayudan con lanchas: los “pateros”:

 

Mi Matamoros frontera

Tamaulipas suelo mío

donde se da la cantera

del mexicano bravío

y los de alma aventurera

nos cruzamos por el río.

 

Adiós Bravo fronterizo

y patrulla ribereña

a nadie pedí permiso

llegué a la cota norteña

pero antes yo por Carrizo

me les fui por la Quinneña  

(DAR, Corrido de Chico Fuentes,  Luis y Julián, Las voces del corrido, s/l, s/e, K-LyJ-1005, s/f,).

 

Al norte llegué sin un centavo

con dolor me alejé de mi país

ay! si hablara el Río Bravo

que crucé en una vieja raíz

           que crucé en una vieja raíz.  

(DAR, Corrido de el ilegal,  Luis y Julián, Las voces del corrido, s/l, s/e, K-LyJ-1005, s/f,).

 

No pude cruzar la raya

se me atravesó el Río Bravo

me aprendieron malamente

cuando vine al otro lado

los dólares son bonitos

pero yo soy mexicano.

            (DAR, “La tumba del mojado”).

  Un corrido del grupo Los Duendes del Control, Tamaulipas, puede servirnos de guía:

       Buenas tardes río Bravo

yo te vengo a saludar

dicen que eres asesino

no lo vengo a comprobar

dicen que eres traicionero

yo sólo vengo a pescar.

 

Pero si tus aguas hablaran

cuánto nos podrían decir

de los muertos que aparecen

flotando dentro de ti

la mayoría son matados

y te los echan a ti.

 

En Laredo y Ciudad Juárez

allá en Miguel Alemán

por donde corren tus aguas

en donde quiera es igual

mil criminales te acusan

que al fin no puedes hablar.

 

Conoces muchos secretos

de robos y contrabandos

conoces los asesinos

de los que matan aquí

pero tu no eres culpable

de lo que sucede aquí.

 

De algunos seres la vida

de alg’otros su perdición

y aunque no eres caudaloso

tampoco limpio no estás

porque otros mueren ahogados

cuando te quieren cruzar.

 

Yo te mire muy tranquilo

ya me despido de ti

aunque vivo en Matamoros

vivo alejado de ti

hay mañana veo la prensa

y a ver que cuenta de ti.

 

En la primera estrofa tenemos una personificación del elemento natural, quién canta empieza por saludar al río como si fuera una persona. Le aclara que dicen mata gente y es traicionero, pero que él sólo va a pasar un buen rato en su ribera. De entrada, se contrapone una mala fama, a una experiencia individual placentera. Este tipo de “personalización” de las fuerzas naturales es típico de las sociedades campesinas; alrededor del mundo, quien depende y vive en estrecho contacto con la vieja naturaleza -o algunos de sus componentes- suele utilizarla de testigo, referencia, y hasta hablar con ella. Así, el abuelo pastor de un escritor portugués se despide de cada árbol de su huerto, el día que iba a morir. De la misma manera, se despide Norberto Quintanilla (el mero león del corrido) del Río Bravo cuando canta a los hermanos Cisneros:

 

 Adiós señor comandante

y ese Río tan cerquita

adiós Miguel Alemán

esa frontera chiquita

donde pasean los Cisneros

en esas trocas bonitas.

(Norberto Quintanilla, “Los hermanos Cisneros”, en: Beto Quintanilla, Patrulla de Blanco y Negro, Monterrey, RyN-Porvenir Musical del Norte, CD-1358, 1996

Veamos ahora lo que dicen las siguientes tres estrofas del corrido de los Duendes del  Control:

           Pero si tus aguas hablaran

cuánto nos podrían decir

de los muertos que aparecen

flotando dentro de ti

la mayoría son matados

y te los echan a ti.

 

En Laredo y Ciudad Juárez

allá en Miguel Alemán

por donde corren tus aguas

en donde quiera es igual

mil criminales te acusan

que al fin no puedes hablar.

 

Esta idea de el “silencio” e “inocencia” del Río aparece repetidas veces, es común en la mentalidad de muchos tamaulipecos, texanos y nuevoleoneses. La tesis detrás de está “defensa” del río se basa en que no es Bravo de por sí, sino que es “Bravo”, en función de la maldad que cometen en sus aguas, o vera, los hombres. Esta concepción “benigna” es radicalmente opuesta a la negativa que citamos al principio. Citemos los cantos de los Leones del Norte y los Alegres de Terán para ejemplificarla:  

Las líneas de la frontera

siempre han sido muy sangrientas

especialmente en Reynosa

y en todo el Valle de Texas

y el río como es callado

siempre lleva la muleta

(DAR “Tamaulipas y Texas”, en Leones del Norte, El último rey, s/l, EMI-dlv, dlv 572, s/f).

Río grande y caudaloso

tus aguas corren ligeras

tu no eres el que matabas

pero ya muertos los llevas

y el malhechor disfrutaba

de todas sus billeteras.

            (DAR, “Corrido del Güero Estrada”, versión: Los Alegres de Terán).

En la cuarta estrofa, se sigue con la idea de disculpar al río de los hechos violentos, pero se   especifica de robos y contrabandos. Los primeros de los cuales, casi siempre tienen que ver con hurtos cometidos contra nuestros paisanos que intentan cruzar hacia los Estados Unidos:

Conoces muchos secretos

de robos y contrabandos

conoces los asesinos

de los que matan aquí

pero tu no eres culpable

de lo que sucede aquí.

 

Los mojados que cruzaban

a los Estados Unidos

escogían la medianoche

como si fueran bandidos

y al regresar los mataba

           luego los echaba al Río.

V. Conclusiones.

La frontera como límite y horizonte que se ensancha debido a la interacción de numerosas colectividades le ha dado al Río Bravo una personificación que va más allá del simple accidente de la naturaleza o delimitación sociopolítica. Esta personificación es conflictiva o contradictoria porque representa anhelos y frustraciones de individuos y colectividades; también es singular por su historia y contexto regional, aunque no es única porque representaciones análogas de elementos naturales aparecen en diferentes tiempos y latitudes.

El nombre del río es fundamental, aunque éste sea diferente a ambos lados de la frontera, porque representa una idea de pertenencia.

Es inevitable, la mayoría de la gente del sur de Texas y del norte de México participamos de esa dualidad Bravo-Grande, de su corriente, porque durante siglos muchas actividades fronterizas estuvieron incentivadas u obstruidas por sus aguas, incentivadas u obstruidas por la línea divisoria que nos marca desde el siglo XIX.

Los que conocemos el Río Bravo y hemos cruzado por sus aguas, seguramente hemos tenido –ya sea en forma conciente o inconsciente- la sensación de estar en presencia de flujos que si pudiesen hablar nos contarían muchísimas cosas que tienen que ver con la gente que habita o conoce esta frontera, porque más allá de lo que la historia institucional (museos, archivos, bibliotecas) nos pueda referir sobre hechos, lugares y circunstancias, existe una memoria colectiva que es difícil conocer a través de los textos. Esta memoria involucra a personas como tú o como yo que dentro de lo cotidiano del diario vivir hizo parte de la historia de este río: cruzarlo en un pato o en una llanta, beber de sus aguas o verter las propias en su cauce, otear al horizonte desde sus orillas en espera de no ver una banda de indios enemigos o una camioneta de la “border patrol”, y así, fueron nuestros abuelos, y los abuelos de nuestros abuelos, y nuestros padres, y nosotros mismos, y seguramente serán nuestros hijos los que seguirán haciendo esta historia, y los hijos de nuestros hijos.

Seguramente el Río Bravo cambiará paulatinamente la significación que ahora tiene, pero mientras esto sucede, más allá de devenires políticos o de vaivenes fronterizos, pervive el mito, la fuerza, su representación de las fuerzas naturales.

  Fuentes:

  Bilbiográficas.

Ramos Aguirre, Francisco, Historia del corrido en la frontera tamaulipeca

(1844-1994), Cd. Victoria, Fondo Nacional para la Cultura y las Artes,

1994.

  Electrónicas.

Metz, Leon C. “Rio Grande”,  en The Handbook of Texas Online, http://www.tsha.utexas.edu/handbook/online/articles/view/RR/rnr5.html , Agosto, 2001.

  Rio Grande / Rio Bravo Basin Coalition, http://www.rioweb.org/Archive/mdr_opinion060701.html , Agosto, 2001.

  Fonográficas.

ADR, “corrido de Chico Fuentes”,  Luis y Julián, Las voces del corrido, s/l,

s/e, K-LyJ-1005, s/f.

ADR, “corrido de El güero Estrada”, varios autores.

ADR, “corrido de “El ilegal”,  Luis y Julián, Las voces del corrido, s/l, s/e, K-

LyJ-1005, s/f,.

ADR, “corrido de El negro Cisneros”, en: Beto Quintanilla, El ondea’o, el

asesino enyerbado, Monterrey, RyN, RyN-1380, s/f.

ADR, “corrido Noble engaño”, varios intérpretes.

ADR, “corrido de Otilio Betancourt”, en: Carlos y José, s/t, s/l, dlv, X-DLV-

278, s/f.

ADR “Tamaulipas y Texas”, en Leones del Norte, El último rey, s/l, EMI-dlv,

dlv 572, s/f.

ADR, “La tumba del mojado”, varios intérpretes.

Mora, Lalo, “corrido de La frontera Chiquita”, en: Los Invasores de Nuevo

León, La ley del corrido, México, dlv-EMI, 503/724383375929.

Quintanilla, Norberto, “Los hermanos Cisneros”, en: Beto Quintanilla, Patrulla

de Blanco y Negro, Monterrey, RyN-Porvenir Musical del Norte, CD-

1358, 1996.

Vargas, Paulino “ corrido de El Leopardo”, en: Los Invasores de Nuevo León,

La ley del corrido, México, dlv-EMI, 503/724383375929.