DICEN
QUE EL RÍO BRAVO ES CHARCO”: REPRESENTACIONES DEL RÍO BRAVO EN LA
HISTORIOGRAFÍA Y LA LÍRICA POPULAR.
Contrabando
machaca
de
aquí para allá y de allá ¡para acá!
Cruzando
el Bravo charco
hacia
los grandes ranchos
¡hacia
los grandes ranchos!
de
dónde vamos a sacar
para
vivir ¡para morir!
somos
del mismo rancho ¡la raza!
-Cabrito
Vudú-
Este
trabajo parte de tres preguntas 1. ¿Cuál fue la representación histórica del
Río Bravo, desde la época colonial hasta el presente?, 2. ¿Cómo es concebido
y descrito el Río Bravo por nuestros cantautores contemporáneos de corridos? y
3. ¿Qué significados explícitos -e implícitos- tiene el mismo en el
imaginario colectivo de la región?
Para responder a nuestras tres interrogantes vayamos por partes, hablemos
de las visiones o connotaciones del río entre los primeros exploradores y
colonos de la región.
El
Río Bravo nace en el Rio Grande National Forest, en el condado San Juan,
Colorado, en Estados Unidos; en sus orígenes es una corriente clara,
refrescante y alimentada por la nieve derretida de las montañas, a una altura
de 3600 metros sobre el nivel medio del mar. Se origina en la división de la
plataforma continental en las montañas San Juan. El río corre a través del
estado de Nuevo México hasta El Paso y Ciudad Juárez, en la unión de
Chihuahua y Texas. En tal punto y debido al Tratado de Guadalupe Hidalgo (1848),
el cual dio término a la Guerra entre Estados Unidos y México, el Río Bravo
se convierte en la frontera internacional entre ambos países, hasta desembocar
en el Golfo de México.
El
Río Bravo ha sido conocido con muchos nombres a través del tiempo, así como
en diferentes partes de su curso: los indios Pueblo le llamaron Posoge, que
significa “gran río”. La expedición de Hernando de Alvarado le llamó Río
de Nuestra Señora en 1540. Fue llamado River of May (Río de Mayo) por tres
marineros británicos en 1568; en 1581 la expedición de Agustín Rodríguez le
llamó Río de Nuestra Señora de la Concepción y Río Guadalquivir. Para 1598
ya llamaban a su curso bajo Río Bravo, forma como aún lo seguimos llamando en
México, así también como Río Bravo del Norte. En 1582, una expedición
encabezada por el comerciante Antonio de Espejo viajó por el Río Conchos hasta
su desembocadura hasta un río que llamó Río del Norte y Río Turbio.
Se
cree que Juan de Oñate fue el primero en llamar al río que nos ocupa Río
Grande, cuando en 1598 alcanzó sus bancos cerca del lugar en el que en el
futuro se asentaría El Paso. Estos nombre quedaron más tarde consolidados como
Río Grande del Norte, que es la denominación que se sigue utilizando en
Estados Unidos para llamar al río en cuestión. Fue el Río Bravo al que
Fernando del Bosque llamó Río de San Buenaventura del Norte en 1675 y al que
el Padre Damián Massanet pudo haber llamado Río Ganapetuán en 1691. El río
fue además llamado Río Caudaloso y todavía en un mapa de 1700 aparece como Río
del Norte y de Nuevo México.
El Río Bravo nunca fue explorado como
una unidad por ninguna persona o grupo. Se cree que Alvar Nuñez Cabeza de Vaca
lo cruzó en 1535 o 1536 y Francisco Vázquez de Coronado en 1540. El gobernador
español Juan Bautista de Anza lo examinó en 1779, así como Zebulon Montgomery
Los franceses, en base al desembarco
accidental de La Salle sobre la costa texana, hicieron intentos a medias para
reclamar que la Louisiana se extendía hasta el Río Bravo. Tal reclamación fue
aún mencionada en 1803, en los tiempos de la compra de Louisiana por Estados
Unidos y no se renunció definitivamente a ella hasta el Tratado Adam-Onís de
1819, no obstante que por más de dos siglos el Río Bravo había sido reclamado
por España, nación que había ejercido un control considerable sobre el río
durante la mayor parte de ese tiempo. En 1836 la República de Texas hizo
reclamaciones sobre el río, respaldándose en documentos testimoniales con una
antigüedad de más de 100 años, donde establecía como sus límites desde la
desembocadura hasta el curso alto para así formar los límites suroeste y oeste
de la República. Stephen F. Austin en su función de secretario de estado de la
República de Texas, enviaba correspondencia a William H. Wharton, quien
negociaba en Washington la anexión a Estados Unidos del territorio texano,
instruyéndole para prometer a los estadounidenses la frontera suroeste si es
que eso ayudaba a la incorporación de Texas en la Unión. Durante la república,
pequeños asentamientos se desarrollaron al sur del Río Nueces y el Río Bravo
nunca estuvo realmente bajo control texano hasta que el General Zachary Taylor
estableció su autoridad al comienzo de la Guerra entre Estados Unidos y México.
El Río Bravo fue finalmente reconocido por México como la frontera con Texas
en el Tratado de Guadalupe Hidalgo.
Dependiendo de la forma en que sea
medido, el Río Bravo es el trigésimo segundo río del mundo en cuanto a
longitud y el cuarto o quinto más largo de América del Norte. Para 1990 la
población a lo largo de sus riveras a ambos lados de la frontera excedía los 5
millones de personas. No obstante su longitud varía según su curso cambia, se
ha calculado una longitud desde su nacimiento hasta su desembocadura de poco
menos de 3000 kilómetros y, tan sólo en la zona fronteriza, su longitud
alcanza aproximadamente 2000 kilómetros. Los principales tributarios del Río
Bravo son, por el lado americano, los ríos Pecos, Devils, Chama y Puerco y, por
el lado mexicano, los ríos Conchos, Salado y San Juan. Las mayores ciudades y
pueblos que se encuentran en sus riveras son, por el lado americano, El Paso,
Presidio, Del Rio, Eagle Pass, Laredo, Rio Grande City, McAllen y Brownsville y,
por el lado mexicano, Ciudad Juárez, Ojinaga, Ciudad Acuña, Piedras Negras,
Nuevo Laredo, Camargo, Reynosa y Matamoros. Los estados mexicanos que bordean el
Río Bravo son Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. En 1980, Ciudad Juárez
fue la ciudad más grande sobre el Río Bravo así como sobre la frontera
internacional y El Paso fue la segunda ciudad más grande sobre la frontera. Las
dos ciudades constituirían una de las mayores áreas metropolitanas del mundo
si el Río Bravo no las dividiera.
La agricultura y la cría de ganado vacuno son las principales ocupaciones a lo largo de Río Bravo, no obstante las maquiladoras están convirtiéndose rápidamente en las mayores receptoras de empleo, especialmente en México. El Río Bravo nunca ha sido navegable con excepción de su desembocadura y, en contadas ocasiones en el pasado, hasta los Laredos; sin embargo, siempre tuvo un caudal aceptable que permitió regar tierras y abastecer de agua potable sin grandes problemas a las comunidades fronterizas. Está situación ha cambiado en los últimos años, llegando al extremo de que en junio de 2001 se registró un desecamiento del cauce de hasta 100 metros antes de su desembocadura, problema que fue resuelto liberando agua de la Presa Falcón; este desecamiento propició una crisis de abastecimiento de agua principalmente en los municipios mexicanos de Reynosa y Matamoros, lo que constituye una señal de alerta sobre el cuidado de este recurso para el futuro próximo.
El
valle de Juárez-El Paso, con una longitud de más de 140 kilómetros, es la más
antigua área irrigada de la región. En este valle están Ysleta, Socorro y San
Elizario, las tres poblaciones más antiguas del estado de Texas.
El río Bravo causó fricciones entre México y Estados Unidos a la altura de El Paso en la década de 1870, cuando el río penetró ligeramente en la riveras del lado mexicano y gradualmente transfirió tierras a los Estados Unidos. La famosa disputa del Chamizal no fue resuelta hasta 1963, cuando esas tierras fueron devueltas a México a través de un acuerdo internacional que fortaleció las economías de Ciudad Juárez y El Paso. Un evento similar, aunque mucho menos conocido, ocurrió entre las ciudades de Presidio y Ojinaga, resuelto también en favorables términos en 1970.
En
primer lugar aclaremos que el río, en general, es una manifestación por
excelencia de fertilidad y por lo tanto de vida; no obstante, como muchos símbolos,
su significado puede invertirse y aparecer como metáfora de tragedia y muerte.
Tanto a nivel individual como comunitario; así ocurre en canciones como la
“Tragedia de Rosita”, donde se habla de una mujer que va a lavar ropa y es
violada y muerta por un ranchero:
Debajo
de aquel encino
que
en ese lugar creció
aquel
torvo campesino
de
Rosita se burló
luego
la echó el remolino
y
el río se la llevó.
Luego
que el Beulah pasó
nos
dejó tormentas de agua,
desbordando
el Río Grande,
dejando
a muchos sin nada.
(Ramiro
Cavazos, “un corrido más al Beulah”, en: Francisco Ramos Aguirre, Historia
del corrido en la frontera tamaulipeca (1844-1994, p. 132)
A
las seis de la tarde cayeron.
al
aguaje dos cuerpos sangrando
por
rencillas muy viejas murieron
y
el aguaje se ha ido secando.
En
otra famosa historia, la de “nomás las mujeres quedan” (corrido de Julián
Garza que desencadenó el argumento de una película), se narra un pleito entre
familias que poco a poco va despoblando de varones un cañón de la sierra. En
este caso la metáfora del río seco refuerza la idea del abandono, olvido y
soledad de las mujeres:
Ya
ni la milpa florece.
y
el campo está abandonado
ni
la hierba mala crece
se
ha muerto todo el ganado
y
el río según parece
también
ya se está secando.
Otras veces, se invoca al río como testigo de los trabajos y los días de ciertos personajes o comunidad; también, como parte del recuerdo y añoranza del terruño natal; tal es el caso de los siguientes dos corridos, el de Chico Fuentes, y el del negro Cisneros:
Adiós
río de Tamazula
ya
no lo verás cruzar
porque
sufrió un accidente
cerquita
de Culiacán
una
cruz lleva su nombre
Francisco
Fuentes Jiménez
que
no podrán ni tocarlo
ni
el capitán ni el teniente.
(DAR,
Corrido de Chico Fuentes, Luis y
Julián, Las voces del corrido, s/l,
s/e, K-LyJ-1005, s/f,).
Soy
el Negro Cisneros y amigos
de
ese rancho llamado el Frontón
de
ese rancho pegadito al Bravo
les
saludo desde la prisión
estoy
preso pero no estoy muerto
este negro es puro corazón.
(DAR,
“El negro Cisneros”, en: Beto Quintanilla, El
ondea’o, el asesino enyerbado, Monterrey, RyN, RyN-1380, s/f).
En otras dos canciones, interpretadas por los Invasores de Nuevo León,
se canta, lo mismo al río de la frontera norte que a fuentes de agua de la
frontera sur:
Ese
famoso Río Bravo
yo
me cansé de pasar
en
las Lomas de Miranda
tuve
la dicha de andar
y
el pueblo Nuevo Guerrero
feliz
me vio regresar.
(Lalo
Mora, “Frontera Chiquita”, en: Los Invasores de Nuevo León, La
ley del corrido, México, dlv-EMI, 503/724383375929).
Bonito
es el río Suchiate
también
las olas del Balsas
les
encargo a mi morena
mientras
voy a Guatemala
y
si acaso no regreso
es
porque ya me tocaba.
(Paulino
Vargas, “El Leopardo”, en: Los Invasores de Nuevo León, La ley del corrido, México, dlv-EMI, 503/724383375929).
Finalmente,
en su acepción más sencilla, el río aparece como paisaje básico de la vida
campesina, casi un símbolo de la misma; está es la connotación que posee de
manera indirecta en corridos como el de Otilio Betancourt:
Clavan
una cruz de palo
es
símbolo campesino
palomas
que andan volando
no
hallan calor en el nido
su
caballo anda muy triste
por
la ribera del río.
(DAR,
“Otilio Betancourt”, en: Carlos y José, s/t, s/l, dlv, X-DLV-278, s/f).
IV.
El Bravo.
Lo
anterior respecto al río. Pero, ¿qué sucede con la otra parte importante de
nuestro elemento natural, su nombre y sustantivo? Para empezar, voy a situarme
en otra región del continente y no me voy a limitar a la lírica popular. En
algunas regiones de Sudamérica: sierras bravas, cerros bravos, pasos bravos,
lagunas bravas, etc., suelen envolver algún misterio. Todo lugar bravo presenta
fenómenos ígneos, acústicos y dinámicos, producidos por causas
“misteriosas” que la gente atribuye a la acción inmediata de espíritus o
seres fantásticos escondidos en los antros de las serranías o en el fondo de
las aguas.
La
calificación de “bravo” viene de las dificultades -y reto- que naturalmente
presentan para el hombre, al que tratan de perder, extraviar o simplemente
destruir, envolviéndose a veces en nieblas densas, rutas perdidas, remolinos.
Identificaciones
análogas encontramos en nuestro ámbito regional. Cuando le pregunté a un
reynosense si sabía el origen del nombre del río, contestó que lo de Bravo se
debía quizás a que mataba gente. Hallamos una acepción semejante en corridos
como el de Noble engaño, que dice en su coro:
A
Joaquín se le hizo fácil
el
Río Bravo cruzar
pero
el río iba crecido
y
no lo pudo lograr
Pedro
lloraba el fracaso
casi
perdió la razón
al
ver a su hermano muerto
en
ese río traidor.
(DAR,
corrido “noble engaño”, varios intérprtes)
La
palabra que nombra dicho río la podemos hallar en otras asociaciones de nuestra
habla popular. El refuncionalizado Piporro hizo famosa una localidad imaginaria
de Nuevo León llamada “Perros Bravos”; también, existen varios grupos de
acordeón y bajo sexto que toman el vocablo como emblema, tal es el caso de Ramón
Ayala y sus Bravos del Norte, Los coyotes del
Río Bravo, Los cuervos del Bravo, Los Estrellas del Bravo; existe hasta
una casa disquera llamada Discos del Bravo.
A
estas alturas, vamos a retornar a las preguntas iniciales de este bloque: 1. ¿Cómo
es concebido y descrito el Río Bravo por nuestros cantautores de corridos?, y
2. ¿Qué significados explícitos -e implícitos- posee en el imaginario
colectivo de la región?
Empecemos
por lo evidente, el Río Bravo es sinónimo de frontera: reto, aventura,
esperanza de mejor vida; pero también de peligro: exilio, prisión o muerte. En
fin, de drama o tragedia. El Bravo da nombre a los emigrados que lo cruzan: los
mojados, y a los que a veces los ayudan con lanchas: los “pateros”:
Mi
Matamoros frontera
Tamaulipas
suelo mío
donde
se da la cantera
del
mexicano bravío
y
los de alma aventurera
nos
cruzamos por el río.
Adiós
Bravo fronterizo
y
patrulla ribereña
a
nadie pedí permiso
llegué
a la cota norteña
pero
antes yo por Carrizo
me
les fui por la Quinneña
(DAR,
Corrido de Chico Fuentes, Luis y
Julián, Las voces del corrido, s/l,
s/e, K-LyJ-1005, s/f,).
Al
norte llegué sin un centavo
con
dolor me alejé de mi país
ay!
si hablara el Río Bravo
que
crucé en una vieja raíz
que
crucé en una vieja raíz.
(DAR,
Corrido de el ilegal, Luis y Julián,
Las voces del corrido, s/l, s/e,
K-LyJ-1005, s/f,).
No
pude cruzar la raya
se
me atravesó el Río Bravo
me
aprendieron malamente
cuando
vine al otro lado
los
dólares son bonitos
pero
yo soy mexicano.
(DAR,
“La tumba del mojado”).
yo
te vengo a saludar
dicen
que eres asesino
no
lo vengo a comprobar
dicen
que eres traicionero
yo
sólo vengo a pescar.
Pero
si tus aguas hablaran
cuánto
nos podrían decir
de
los muertos que aparecen
flotando
dentro de ti
la
mayoría son matados
y
te los echan a ti.
En
Laredo y Ciudad Juárez
allá
en Miguel Alemán
por
donde corren tus aguas
en
donde quiera es igual
mil
criminales te acusan
que
al fin no puedes hablar.
Conoces
muchos secretos
de
robos y contrabandos
conoces
los asesinos
de
los que matan aquí
pero
tu no eres culpable
de
lo que sucede aquí.
De
algunos seres la vida
de
alg’otros su perdición
y
aunque no eres caudaloso
tampoco
limpio no estás
porque
otros mueren ahogados
cuando
te quieren cruzar.
Yo
te mire muy tranquilo
ya
me despido de ti
aunque
vivo en Matamoros
vivo
alejado de ti
hay
mañana veo la prensa
y a ver que cuenta de ti.
En
la primera estrofa tenemos una personificación del elemento natural, quién
canta empieza por saludar al río como si fuera una persona. Le aclara que dicen
mata gente y es traicionero, pero que él sólo va a pasar un buen rato en su
ribera. De entrada, se contrapone una mala fama, a una experiencia individual
placentera. Este tipo de “personalización” de las fuerzas naturales es típico
de las sociedades campesinas; alrededor del mundo, quien depende y vive en
estrecho contacto con la vieja naturaleza -o algunos de sus componentes- suele
utilizarla de testigo, referencia, y hasta hablar con ella. Así, el abuelo
pastor de un escritor portugués se despide de cada árbol de su huerto, el día
que iba a morir. De la misma manera, se despide Norberto Quintanilla (el mero león
del corrido) del Río Bravo cuando canta a los hermanos Cisneros:
Adiós
señor comandante
y
ese Río tan cerquita
adiós
Miguel Alemán
esa
frontera chiquita
donde
pasean los Cisneros
en
esas trocas bonitas.
(Norberto Quintanilla, “Los hermanos Cisneros”, en: Beto Quintanilla, Patrulla de Blanco y Negro, Monterrey, RyN-Porvenir Musical del Norte, CD-1358, 1996
Veamos
ahora lo que dicen las siguientes tres estrofas del corrido de los Duendes del
Control:
cuánto
nos podrían decir
de
los muertos que aparecen
flotando
dentro de ti
la
mayoría son matados
y
te los echan a ti.
En
Laredo y Ciudad Juárez
allá
en Miguel Alemán
por
donde corren tus aguas
en
donde quiera es igual
mil
criminales te acusan
que
al fin no puedes hablar.
Esta idea de el
“silencio” e “inocencia” del Río aparece repetidas veces, es común en
la mentalidad de muchos tamaulipecos, texanos y nuevoleoneses. La tesis detrás
de está “defensa” del río se basa en que no es Bravo de por sí, sino que
es “Bravo”, en función de la maldad que cometen en sus aguas, o vera, los
hombres. Esta concepción “benigna” es radicalmente opuesta a la negativa
que citamos al principio. Citemos los cantos de los Leones del Norte y los
Alegres de Terán para ejemplificarla:
Las
líneas de la frontera
siempre
han sido muy sangrientas
especialmente
en Reynosa
y
en todo el Valle de Texas
y
el río como es callado
siempre
lleva la muleta
(DAR
“Tamaulipas y Texas”, en Leones del Norte, El último rey, s/l, EMI-dlv, dlv
572, s/f).
Río
grande y caudaloso
tus
aguas corren ligeras
tu
no eres el que matabas
pero
ya muertos los llevas
y
el malhechor disfrutaba
de
todas sus billeteras.
(DAR,
“Corrido del Güero Estrada”, versión: Los Alegres de Terán).
En la cuarta
estrofa, se sigue con la idea de disculpar al río de los hechos violentos, pero
se especifica de robos y contrabandos. Los primeros de los cuales, casi siempre
tienen que ver con hurtos cometidos contra nuestros paisanos que intentan cruzar
hacia los Estados Unidos:
Conoces
muchos secretos
de
robos y contrabandos
conoces
los asesinos
de
los que matan aquí
pero
tu no eres culpable
de
lo que sucede aquí.
Los
mojados que cruzaban
a
los Estados Unidos
escogían
la medianoche
como
si fueran bandidos
y
al regresar los mataba
luego los echaba al Río.
V.
Conclusiones.
La
frontera como límite y horizonte que se ensancha debido a la interacción de
numerosas colectividades le ha dado al Río Bravo una personificación que va más
allá del simple accidente de la naturaleza o delimitación sociopolítica. Esta
personificación es conflictiva o contradictoria porque representa anhelos y
frustraciones de individuos y colectividades; también es singular por su
historia y contexto regional, aunque no es única porque representaciones análogas
de elementos naturales aparecen en diferentes tiempos y latitudes.
El
nombre del río es fundamental, aunque éste sea diferente a ambos lados de la
frontera, porque representa una idea de pertenencia.
Es
inevitable, la mayoría de la gente del sur de Texas y del norte de México
participamos de esa dualidad Bravo-Grande, de su corriente, porque durante
siglos muchas actividades fronterizas estuvieron incentivadas u obstruidas por
sus aguas, incentivadas u obstruidas por la línea divisoria que nos marca desde
el siglo XIX.
Los
que conocemos el Río Bravo y hemos cruzado por sus aguas, seguramente hemos
tenido –ya sea en forma conciente o inconsciente- la sensación de estar en
presencia de flujos que si pudiesen hablar nos contarían muchísimas cosas que
tienen que ver con la gente que habita o conoce esta frontera, porque más allá
de lo que la historia institucional (museos, archivos, bibliotecas) nos pueda
referir sobre hechos, lugares y circunstancias, existe una memoria colectiva que
es difícil conocer a través de los textos. Esta memoria involucra a personas
como tú o como yo que dentro de lo cotidiano del diario vivir hizo parte de la
historia de este río: cruzarlo en un pato o en una llanta, beber de sus aguas o
verter las propias en su cauce, otear al horizonte desde sus orillas en espera
de no ver una banda de indios enemigos o una camioneta de la “border
patrol”, y así, fueron nuestros abuelos, y los abuelos de nuestros abuelos, y
nuestros padres, y nosotros mismos, y seguramente serán nuestros hijos los que
seguirán haciendo esta historia, y los hijos de nuestros hijos.
Seguramente
el Río Bravo cambiará paulatinamente la significación que ahora tiene, pero
mientras esto sucede, más allá de devenires políticos o de vaivenes
fronterizos, pervive el mito, la fuerza, su representación de las fuerzas
naturales.
Ramos
Aguirre, Francisco, Historia del corrido en la frontera tamaulipeca
(1844-1994),
Cd. Victoria, Fondo Nacional para la Cultura y las Artes,
1994.
Metz,
Leon C. “Rio Grande”, en The
Handbook of Texas Online, http://www.tsha.utexas.edu/handbook/online/articles/view/RR/rnr5.html
, Agosto, 2001.
ADR,
“corrido de Chico Fuentes”, Luis y Julián, Las
voces del corrido, s/l,
s/e,
K-LyJ-1005, s/f.
ADR,
“corrido de El güero Estrada”, varios autores.
ADR,
“corrido de “El ilegal”, Luis y Julián, Las
voces del corrido, s/l, s/e, K-
LyJ-1005,
s/f,.
ADR,
“corrido de El negro Cisneros”, en: Beto Quintanilla, El
ondea’o, el
asesino
enyerbado,
Monterrey, RyN, RyN-1380, s/f.
ADR,
“corrido Noble engaño”, varios intérpretes.
ADR,
“corrido de Otilio Betancourt”, en: Carlos y José, s/t, s/l, dlv, X-DLV-
278,
s/f.
ADR
“Tamaulipas y Texas”, en Leones del Norte, El
último rey, s/l, EMI-dlv,
dlv
572, s/f.
ADR,
“La tumba del mojado”, varios intérpretes.
Mora,
Lalo, “corrido de La frontera Chiquita”, en: Los Invasores de Nuevo
León,
La ley del corrido, México, dlv-EMI, 503/724383375929.
Quintanilla,
Norberto, “Los hermanos Cisneros”, en: Beto Quintanilla, Patrulla
de
Blanco y Negro,
Monterrey, RyN-Porvenir Musical del Norte, CD-
1358,
1996.
Vargas,
Paulino “ corrido de El Leopardo”, en: Los Invasores de Nuevo León,
La
ley del corrido,
México, dlv-EMI, 503/724383375929.