LAS MANOS QUE LE DAN FORMA A “POCAHONTAS”

 

Por: Ramón Talavera Franco

 

 

Al recibir el vestido inacabado de “Pocahontas”, los ojos de “Dot” navegan por cada uno de sus hilos. Sus pupilas se abren buscando la geometría, conociendo sus espacios, encontrando los lugares precisos para sus diseños. “Pancho”, su esposo, está acostumbrado a verla realizar este proceso: “ qué le vamos a hacer” – nos dice sonriendo – “es toda una artista”.

 

“Dot & Pancho Martinez” es como se les conoce. “Dot”, trabaja en la patrulla fronteriza; “Pancho” es decano de instrucción en el Laredo Community College y los dos han unido su talento, su paciencia y su trabajo para crear los vestidos de  “Pocahontas” desde hace 18 años.

 

“Todo comenzó sin planearlo”, nos dice el señor Martinez, mientras Dot corre de un lado para otro de su casa trayéndonos álbumes fotográficos; así como muestras de los patrones y de la bisutería de los vestidos que anualmente crean. Mientras él es quien habla, ella se limita a aclarar, enfatizar o puntualizar los datos que el señor Martínez nos da, revelando su carácter bondadoso y pródigo. “Desde 1898 está presente el personaje de Pocahontas en las festividades del Washingotn’s Birthday, pero durante mucho tiempo, sólo apareció en el desfile.  Muchos años después se empezó a realizar el “peagon” que ahora todos conocen. En la década de los 80’s, no recuerdo el año exacto, una sobrina mía iba a salir como parte de la corte de Pocahontas y como no había nadie en la familia quien quisiera o supiera hacerle el traje, decidí ofrecerme. Fui a buscar a un vecino que hacía este tipo de prendas a la manera tradicional y le pedí que me ayudara. Fuimos a comprar los materiales y nos fuimos a su casa. Tiró la tela en el piso de la cocina, la cortó, la dobló, y en un día hizo el traje.  Después, comencé a confeccionar sus diseños y Dot se encargó de realizarlos. Nos tardamos un par de semanas en ellos. Recuerdo que ese primer traje nos dio un poco de miedo pues no sabíamos como iba a resultar, pero afortunadamente salió bien.

 

Ahora son otras costureras las que año con año realizan los vestidos, pero la decoración de los mismos, esta ha cargo de los esposos Martínez.

 

A través de un álbum fotográfico, Dot nos enseña la evolución que han tenido estos trajes a lo largo de los años, mientras el señor Martínez dice orgulloso: “yo fui el primero en introducir las “mechas” decoradas a los vestidos. En el segundo vestido que creamos, Dot  bordó un hermoso pájaro en el pecho y yo decoré las alas en las mechas. Así cuando la muchacha que usó el traje  abrió los brazos, las alas del pájaro se veían formando un ave enorme y bella. A partir de ese modelo, todas las Pocahontas han tenido mechas decoradas con diversos diseños. Al vestido de Adriana Benavides, la Pocahontas del año 1990  fue la primera a la  que le pusimos mechas de cristal con diseños hechos del mismo material. Gustó tanto el vestido que a partir de entonces todas las Pocahontas quieren cristales de colores en sus decorados.  Este año, en las mechas del vestido de Brenda Kristine Scherzer, Pocahontas 2001, se diseñó un thunderbird,  que es un pájaro de las tribus del suroeste”.  Y nos confiesa: “Solo una vez me he equivocado poniendo una cuenta de más. Pensé que nadie lo notaría, pero un hermano mío lo percibió y me preguntó:  ¿por qué le pusiste una cuenta de más ahí?

 

De esto, aprendió que un error por pequeño que sea, se amplifica ante los ojos del espectador. Por eso, su trabajo es cuidadoso y detallado: “ muchos me preguntan si los diseños en las mechas los hago por computadora, pero no es así. Las primeras veces, tomaba las bolsas  de papel grueso color café que te dan en los supermercados. Las abría y en ellas realizaba el diseño. Al paso del tiempo, esta técnica ha cambiado y ahora uso otras formas que me facilitan ser más preciso para realizarlos. Pero la computadora, aún no la uso para esto”.

 

Parea realizar cada uno de los vestidos, Dot invierte 500 horas a lo largo de ocho meses. Son horas que se encierra en su pequeño estudio y en los que su mejor compañía son la soledad y la imaginación. Con una aguja fina y delgada que “ni los ojos de su esposo pueden ver”, Dot borda el sueño de Pocahontas: Con hilos de diversos colores, cristales, lentejuelas, chaquiras y canutillos crea flores, hojas, águilas, aves, búfalos, estrellas, rosetones, rombos y todas las figuras necesarias para hacer de los vestidos verdaderas obras de arte. Es por eso que de los 18 años que ha trabajado en estas fiestas, 14 de los vestidos de las Pocahontas han sido realizados por ella. Y aunque su arte alcanza la talla de los mejores diseñadores del mundo, es poco conocida en otras ciudades de este país.

 

EL VALOR DE LOS VESTIDOS

 

“El costo del vestido depende del material que escogen” – subraya el señor Martinez. “Por ejemplo, al taje de uno de mis hijos le pusimos cuentas de plata en vez de metales porque así sale más barato. En cambio el cristal si es caro porque es un cristal austriaco. Por ello, los costos de los materiales varían. Un kilo de canutillo te cuesta veintitantos dólares y una gruesa de cristal por once o doce dólares. Hay vestidos que sólo de material se gastan unos 3 mil 500 dólares, pero hay otros que han llegado a costar hasta 8 mil dólares sin contar la  mano de obra.” Aunque el verdadero valor de cada vestido no se mide en dinero, sino en las horas en las que los señores Martínez invierten para realizarlos. Sobretodo en los largos días en que Dot se encierra en su soledad dejando en estas prendas un poco de ella misma.

 

DEL PAPEL A LA TELA

 

Del diseño anual del vestido de “Pocahontas” se encarga un comité que se conoce como “Mistresses of the ward robe”. Ellas hacen los diseños y los reparten. Pero la mayoría de las veces, estos diseños son transformados casi en su totalidad porque “ una cosa es dibujarlos y otra cosa es hacerlos al trabajar la tela y el bordado”, nos comenta el señor Martínez.  “Se nos da una idea de lo que quieren que se haga. Antes de comenzar el trabajo, escuchamos las opiniones tanto de la mamá como de la muchacha que va a personificar a Pocahontas. Ellas nos dan sus ideas sobre estos diseños y nosotros vemos lo que se puede o no se puede hacer en ellos. Por ejemplo el diseño original del chamberlán de este año tenía dibujos pequeños de búfalo en la “mecha” pero no se pueden hacer. Así, Dot ve la tela, estudia a la persona y ve qué tipo de diseños son los adecuados y dónde se deben colocar. Casi siempre se modifican los modelos porque depende del material y de la muchacha que los va a lucir”.

 

NADIE SABE LO QUE HAY DETRÁS DE....

 

El señor Martínez sonríe mientras recuerda: “ Casi nadie sabe que para que las fotos del “Chief” salgan bien, mi esposa tiene que estar detrás de él al momento de sacarle la foto de publicidad. La razón es porque cuando sacan las fotos hace mucho viento y el penacho nunca puede quedar abierto. Por eso Dot se para detrás de él y abre el penacho durante la sesión de fotos. Otra vez una de las Pocahontas no llevaba un arete el día de su presentación. Dot  agarró unos hilos con cristales y le cosió unos aretes improvisados.

 

¡Lo que tiene que hacer mi esposa para que estos muchachos salgan bien!”

 

LA FAMILIA MARTINEZ, ARTISTAS DE CORAZON

 

Los vestidos que realiza la familia Martínez son una expresión artística de los laredenses. El cuidado y dedicación que han puesto en su trabajo, se ve en cada una de las Pocahontas que se suben al escenario año con año para revivir una tradición Laredense que se ha desarrollado en esta frontera desde hace 104 años y que habla y dice mucho de la forma de pensar, de sentir y de actuar de un sector de la sociedad de esta ciudad.