“MARÍA VICTORIA, VOZ QUE SE VUELVE CARNE Y PERFUME AL MISMO TIEMPO”

 

Por: Ramón Talavera Franco

 

“Yo no quería ser cantante, sino modista” nos comenta sonriente María Victoria minutos antes de ser galardonada como “Señora Internacional” de manos de la “Liga de Ciudadanos Latino Americanos Unidos” (LULAC, por sus siglas en inglés) en la ciudad de Laredo, Texas: “Laredo era un pequeño pueblo cuando viví aquí – recuerda -  el dólar estaba a tres pesos... tres cincuenta. Era chiquito. No había muchas casas. Existían Night Clubs pero fuera de la ciudad. De esa época me acuerdo de una amiga que trabajaba como bailarina igual que mi hermana. Se llamaba Pilar Ballín.   A ella le gustaba pedirle permiso a mi mamá para que me dejara acompañarla al kiosco. El chiste de ir era que los muchachos y muchachas se juntaban allá para dar vueltas y conocerse. Mi amiga, que era muy noviera, siempre consiguió novio, en cambio yo no, porque apenas era una niña”. Muchos años después regresé porque en las giras a Estados Unidos, Laredo era un paso obligado. Y siempre fui bien recibida.

 

María Victoria es su nombre real. De niña nunca quiso ser cantante, ni actriz, ni mucho menos imaginó que su nombre se convirtiera en leyenda de la música romántica y de la época de oro del cine nacional. La fama le llegó sin buscarla, pero una vez que se topó con ella, supo aprovecharla: “a mí me gustaba ir a ver a mi hermana bailar en una carpa que estaba en la calle Independencia de Monterrey.  De tanto ir, un día la empresaria se me acercó y me invitó a cantar en el escenario. Yo le dije que no, que yo iba a ser modista y que a mí no me gustaba hacer esas cosas. Pero esta señora me convenció y me puso a cantar. La sorpresa fue que le gusté al público y eso que apenas tenia nueve años, aunque la verdad, no tenía cuerpo de niña, sino de señorita, muy torneadito”.

 

Esa niña cantante fue bautizada con el nombre artístico de “Toya”. Cantaba los éxitos del momento siendo “Amor perdido” uno de ellos. El público la favoreció siempre con el aplauso y esto atrajo la curiosidad del director de orquesta Luis Arcaraz, quien decidió contratarla para que cantara en el “Patio” de la ciudad de Monterrey: “Mi ilusión de cantar con el maestro Arcaraz y su orquesta duró unas pocas horas. Recuerdo que cuando me contrató me dijo: “por favor ve a cantar sin tobilleras” porque esa era la manera en la que yo vestía. Total, me fui lo más arregladita que pude pero al llegar al teatro no me dejaron entrar porque era menor de edad”. Fue despedida sin debut.

 

Pero el destino quería alcanzar a María Victoria. Paco Miller la contrató para actuar en su compañía.  Poco tiempo después trabajó en las carpas en la ciudad de México donde alternaba con cómicos como Palillo, Resortes y Mantequilla hasta que un día  le ofrecieron trabajo en el teatro Margo de Guadalajara. “Ahí hacía de todo: sketches, bailaba en el ballet de Chela Rueda, hacia “cuadros” con Pepe Guisar y cantaba. Fue donde realmente comenzó mi carrera”.

 

María Victoria tenía entonces 15 años. Su estilo característico, su forma de caminar  y pararse en el escenario mientras interpretaba melodías románticas como “Soy feliz” o “Todavía no me muero” provocaba en el público masculino el deseo de verla, de tocarla, de tocar al amor que personificaba: “la gente me gritaba muchas cosas” – recuerda divertida -  “Nunca groseras, más bien en tono de juego. Cuando salía al escenario decían: “Ahí viene mi vieja” y cuando comenzaba a cantar me pedían: “ ¡Es que estoy tan enamorada!”.... y yo empezaba a cantar: “es que estoy taaaannnn....” y el público decía” ¡Tan buena!” –ríe-  Me acuerdo que una vez alguien me pidió:  “Todavía no me muero” y otro le contestó en son de guasa: “ ¡y que esperas!”

 

Pero la duda del éxito de María Victoria comenzó a rondar a los empresarios. ¿Le gusta al público realmente su voz, o lo que les agrada es su forma de caminar o de vestir? La prueba de fuego, era grabar su primer acetato “y a los quince días de salir al mercado “Soy feliz” ya estaba en los primeros lugares en las sinfonolas”, evoca orgullosa.

 

A este éxito se sumaron  ”Mil besos”,  “Como un Perro”, “Está Sellado”, “Mucho, Mucho” y “Tengo ganas de un beso”, siendo esta última dedicada y escrita expresamente por el maestro Agustín Lara: “cuando  trabajaba en el Margo, yo cantaba acompañada por una orquestita, pero un día el empresario me dijo: “la semana que entra vas a cantar con la orquesta de Agustín Lara”. Yo no quería. Me puse muy nerviosa pero aún así, fui a hablar con el maestro para ponernos de acuerdo. Me dijo que quería que cantara sólo dos canciones de él y me recomendó: “Quiero que salgas muy seriecita, que te recojas el pelo y que no te muevas para que no te empiecen a gritar que camines. Hay que hacer que el público te respete”. Entonces salí a cantar sus dos canciones pero el público me empezó a gritar: “ ¡Todavía no me muero!”, “ ¡Soy feliz! ”; querían que interpretara las mías. Pero como sólo podía cantar dos canciones, empecé a despedirme y el público no me dejó. Entonces Agustín Lara me gritó: “ ¡camina! ” y para que el público se callara, empecé a caminar hacia Lara y el público le empezó a gritar: “ ¡Ándale Lara, al cabo que también se llama María! , ¡Que suerte tienen los flacos!”. Y que se enoja y sale del escenario. Entonces empecé a cantar mis canciones. Al rato, cuando ya estaba en el camerino me llegó un retrato de él con unas rosas rojas, una botella de coñac y un recado “ María Victoria, voz que se vuelve carne y perfume al mismo tiempo”. En la siguiente función, apareció Lara acompañándome. Le entró al relajo, a  reírse y a meterse con el público. Pasó el tiempo. Luis Arcaraz me volvió a buscar y por fin pudimos trabajar juntos porque ya estaba más grandecita. Con él y con su orquesta, recorrí todo Estados Unidos. Cuando regresé, Lara me mandó llamar y me dijo que había compuesto una canción para mí: “mira, la voy a cantar porque sé tu estilo y así la debes cantar”.  Entonces empezó: “ tengo gaaaanas (alargando la “a”) y así fue como me regaló la canción:  “Tengo ganas de un beso”.

 

María Victoria llegó al esplendor de su carrera. En la mayoría de los hogares mexicanos había por lo menos un disco de ella. Sus presentaciones en el extranjero la colocaron como la mejor interprete mexicana del momento y la mancuerna: Luis Arcaraz –María Victoria llenaba los escenarios. Fueron ellos los primeros latinos que entraron al Paledium de los Ángeles California,  alcanzando llenos totales y superando records de taquilla.

 

María Victoria se define como una persona romántica. Por ello, este estilo que se escuchaba en las canciones y se veía en las películas de la ”época de oro”, fueron la clave para que alcanzara el éxito como actriz y cantante: “Esa era una época hermosa de la música. Con ella se enamoraba a la mujer. Por ejemplo, mi compadre Luis (Arcaraz) enamoró a su esposa llevándole serenata con todo y orquesta. Mi esposo, también acostumbraba llevarme serenata, me llevaba tríos como “los ases”, Mariachis y hasta  los violines de Villafontana. En cambio ahora, eso se ha perdido. ¿Cómo vas a enamorar a una muchacha ahora cantándole  “y tengo una bolita que se sube y se baja”?

 

La música ha evolucionado, cambiado, tomando formas y rumbos diferentes. Pero las melodías de los cincuentas siguen en el gusto popular: “ yo creo que esa música le llega a la gente por los recuerdos. Ahora lo que prolifera es la música grupera: los broncos, los tigres del norte.  Antes era el romanticismo,  ahora son los ritmos, pero yo creo que lo importante es que, sea la música como sea, que le llegue a la gente”. Y nos habla de la importancia  de que los músicos se acerquen a los lugares más recónditos: “En las rancherías, nunca salen. A los artistas los llevan y la gente baila y canta. Juntan camiones de redilas;, traen su propio equipo de luz y sonido y forman escenarios improvisados. Se convierte en un día de fiesta para la comunidad y eso es importante porque los divierte.”

 

En la actualidad, María Victoria ha cumplido 50 años de carrera artística.  Hasta hace unos meses estuvo presente en las televisoras de México en la telenovela “Siempre te amaré” de Televisa, misma que ahora se repite por la cadena “Univisión” de Estados Unidos. Además, desde hace cinco años el personaje  de “Inocencia”, que hizo famoso en la pantalla chica durante la década de los setentas,  aparece diariamente el ciudad de Houston, Texas anunciando un cadenas de tiendas: “lo hago cada seis u ocho meses. Es para las tiendas “Fiesta” que venden productos mexicanos, venezolanos, peruanos, chinos, japoneses, alemanes y rusos. Tuvieron tanto éxito los comerciales que se sacaron un premio por el personaje que interpreto. Es una forma de estar presente en el gusto hispano de Estados Unidos”.

 

Nuestra charla ha llegado a su fin. Son muchos temas los que faltan por tocar: el cine, la televisión, el teatro, su familia, pero María Victoria está a punto de recibir su reconocimiento de “Señora Internacional” y concluye: “agradezco que este reconocimiento me lo otorgue la gente de Laredo. La última vez que canté aquí fue hace unos seis años a lado de Lupita Pineda  y Alejandra Avalos. Y en ese entonces, como ahora, comprobé el cariño del público de esta ciudad.”

 

Y mientras  María Victoria recibe los aplausos, el cariño de su público y el reconocimiento “Señora Internacional 2001”, nos quedamos con su ultima reflexión: “la felicidad la encuentro en mi familia, el trabajo, y el cariño del público”.