LA BALA DE AÑO NUEVO

 

Por: Ramón Talavera Franco

 

 

“El año nuevo alojó una bala en el cuerpo de Janete. Minutos antes había sentido el calor y los buenos deseos de su mamá y amigos; recordado a sus hermanos y a su  padre de quienes se había despedido tres meses atrás en su natal Pisaflores, Hidalgo y realizado su lista de propósitos para el 2001: ingresar a Junior High School, seguir empleándose como trabajadora doméstica hasta poder conseguir un mejor trabajo  y comprarse un hermoso vestido para sus quince años. Pero no pudo cumplirlos.

 

Afuera de la “traila” donde vivía con su mamá, Janete escuchaba los cohetes y balazos con los que los vecinos daban la bienvenida al nuevo año. Sintió un calor extraño en su cuerpo y no pudo seguir caminando. Se recargó cerca de un amigo. Perdió el conocimiento. Al sostenerla, su mamá se dio cuenta que salía sangre de su pecho. No entendía qué sucedía. Los invitados se movilizaron. Llamaron una ambulancia. Afuera de la “traila” esperaron a los médicos, pero los minutos eran horas y la desesperación los impulsó a llevarse a la jovencita al hospital. A medio camino entre el Cenizo y Río Bravo vieron la ambulancia. La detuvieron. Madre e hija fueron conducidas al hospital más cercano. Janete aún respiraba, pero en el hospital su vida se le fue, como un soplo, con la rapidez de una bala.”

 

La imprudencia y necedad le arrebataron sus proyectos, y en lugar de un vestido de quince años, la  vistieron con una mortaja blanca.

 

No salgan a la calle después de las doce

 

No salgan a la calle después de las doce” es el aviso que se da en los dos Laredos. Es la hora en la que la intolerancia hace presa a los hombres, les hace cosquillear el dedo índice y disparar cuanta pistola, rifle o metralleta tienen a su alcance. ¡Que pena que así se celebre el año nuevo en esta franja fronteriza!

 

La muerte de Janete, es el resumen de todas esas balas que volaron en el aire en los primeros minutos del 2001. Por ello, si queremos encontrar un culpable, el culpable es la sociedad entera. Tanto aquellos que dispararon, como aquellos que a lo largo de los años no han hecho nada para impedir que esta costumbre continúe.

 

¿Que sienten al disparar? ¿Que quieren demostrar a los demás o demostrase a sí mismos?

 

En muchas otras partes del mundo las doce de la noche es precisamente el momento idóneo para estar en la calle, para recibir el año nuevo en las plazas públicas con juegos pirotécnicos, color y música. No es como aquí donde las plazas quedan olvidadas, tristes y temerosas.

 

Información recabada de la oficina del Sheriff asegura que ésta es la primera muerte que ocurre en el condado de Webb durante las fiestas de año nuevo, pero ¿Cuántas muertes más tendrán que ocurrir antes que las autoridades y la sociedad civil logren detener este clima de intolerancia?

 

Este hecho no puede quedar olvidado. Nos tiene que servir para abrir los ojos ante las viejas costumbres negativas y erradicarlas. Los dos Laredos están creciendo, llegando a una vida adulta. No frenemos su avance con este tipo de manifestaciones arcaicas que nos detienen en el tiempo y no nos permiten vivir en el mundo de hoy. Tener un arma de fuego en casa, no nos da permiso para robarle la vida a nadie. Y menos por imprudencia.

 

Cambiemos la intolerancia por la razón. Cambiemos las balas por el baile y logremos que el próximo año sí sea un verdadero feliz año nuevo.