“CUANDO LA TIERRA SE CANSO, NACIO EL CENIZO”

 

Por: Ramón Talavera Franco  

(artículo publicado en agosto del 2000)

 

El Cenizo era un ranchito, comenta Rafael Rodríguez, actual “Mayor” de este lugar:  “... hace más de veinte años, aquí se sembraba cebolla, calabaza y zanahoria, pero como la tierra con los años se cansa, dejó de producir y fue abandonada, hasta que un día, una fraccionadora la compró y empezó a hacer lotes para venderse”

 

El Cenizo es la tierra de todos y para todos. Sus casi 8 mil habitantes provienen de diversos países y culturas. La mayoría son mexicanos, pero también  hay hondureños, nicaragüenses, salvadoreños, afro americanos y anglos. Aquí, la voz que se hace oír es la de la gente. Son ellos quienes analizan los problemas de la comunidad, quienes proponen soluciones, quienes toman las iniciativas; quienes se defienden. Aquí no hay partidos políticos y no hay una sola religión. Aquí hay respeto: para el que llega, el que se queda y el que se va.

 

El Cenizo es como una torre de Babel, salvo que aquí, todos hablan el mismo idioma: el español, que fue propuesto como idioma oficial en las juntas de cabildo... “para que todos entendieran lo que se decía”, nos dice Rodríguez. “ Años atrás, otros cabildos manejaban las juntas en inglés y la gente de aquí sólo se encogía de hombros porque no entendía. Ahora que se hacen en español, hay más confianza entre los residentes. Así pueden hacer uso de la palabra para sugerencias, preguntas y opiniones. Cuando decidimos hacerlo así, hubo malos entendidos. Creyeron que lo que queríamos era estipular el español como idioma de aquí, pero no es así. Sólo queríamos que en las juntas fuera este idioma el que se hablara. Los del cabildo quieren que hablemos inglés, correcto, la cuidad de Laredo también lo quiere, pero ¿cómo podemos hacer que la gente de aquí lo hable si no nos apoyan con maestros para lograrlo?

 

Antes, el Mayor Rodríguez y la señora Gloria Romo, actual comisionada de esta ciudad, impartían estas clases. Ahora, hay un joven que con mucha voluntad realiza esta labor, pero “... no es suficiente”, comenta la señora Romo. “Se necesita gente preparada, maestros que comprendan que aquí los adultos vienen a aprender en la noche, cansados de sus trabajos y a veces trayendo a sus niños a quienes no pueden dejar solos en sus casas. Necesitamos maestros sensibles para que diseñen clases de acuerdo a nuestra realidad social.”

 

Esta falta de conocimientos del idioma inglés los aísla; los hace desconocer muchos servicios y programas disponibles para ellos y les imposibilita obtener mejor educación, y entrenamientos para obtener mejores fuentes de trabajo. Por eso es su petición, su  deseo de aprender inglés, ya que así podrán integrarse mejor a la sociedad y obtendrán de una manera más decorosa, una vida mejor.

 

SOLO UN DESEO: SUPERACION

 

“El primer día que llegué a El Cenizo, estaba muy ilusionada porque aquí íbamos a construir nuestra casita” . Maria R. Ayala, “vista” del Centro Comunitario de El Cenizo,  sonríe emocionada al revivir estos momentos. “No teníamos nada más que el “solar” que mi marido compró. Él estaba más preocupado que yo. Me decía: “no tenemos donde llegar, no tenemos casa, no tenemos madera, no tenemos más que el puro “mueble” para ir allá”. Yo le decía que no me importaba, que como estábamos acostumbrados al rancho, yo podía cocinar con leña y dormir a la intemperie, con tal de venir a El Cenizo y empezar una nueva vida. Así que forramos nuestras cosas con una manta grande y nos venimos para acá. El primer día nunca se me va a olvidar. Con tres pedacitos de tabla, mi marido construyó un techito para que protegiera la cama donde dormirían mis hijos, pero él y yo, pasamos esa y muchas otras noches dentro de la “troca”. Escuchábamos los grillos, las ranas, el ladrido de los perros, sentíamos el olor de las plantas y la oscuridad sólo nos dejaba ver las estrellas. Pero ninguno de nosotros teníamos miedo de estar así.”

 

Hoy, ese techito de tres maderos se ha convertido en una casa de cuatro recámaras, sala, comedor, cocina y dos baños y constituye la herencia  para los hijos de la señora Ayala, quien al darnos la entrevista, tenía apenas tres días de colaborar como “vista” en el centro comunitario: “... “vista” no es un trabajo. Es un compromiso con la comunidad. Entre mis funciones está informar a la gente de los programas que llegan aquí y que son para beneficio de todos”.

 

La señora Ayala colaboró durante mucho tiempo como “voluntaria”, otra de las actividades a las que se dedican muchas mujeres de El Cenizo, quienes están acostumbradas a hacer de “todo” con tal de que sus maridos puedan ir a Laredo a trabajar y sus hijos puedan estudiar. Y cuando decimos “todo” es “todo” ya que además de cocinar, coser, limpiar sus casas y hacerlas de madres y esposas, en sus ratos libres se agrupan para reparar sus casas, limpiar sus calles y conseguir apoyos de la ciudad de Laredo para obtener comida y vivienda.

 

Entre los cargos que ocupan, está el de  “promotoras” quienes corren de un lado a otro para alcanzar los objetivos de su labor. Cynthia Villegas es una de ellas: “Nosotras le informamos  a la demás gente respecto a los apoyos que nos dan agencias como la W.I.C. que entrega unos folletos en donde viene una lista de productos alimenticios como leche, queso, blanquillos, etc,  que le son entregados gratuitamente a las familias que tienen hijos que van de cero a cinco años. También informamos respecto a dónde recurrir o qué hacer en caso de violencia doméstica. Ha habido casos en los que los maridos golpean a sus esposas y las amenazan con no ayudarlas a regularizar sus papeles. Para ellas, existen leyes que las protegen y si las conocen, no tienen por qué seguir aguantando ese tipo de abusos físicos o psicológicos.”

 

AYUDATE QUE YO TE AYUDARE

 

La palabra “ayuda”, es conocida y practicada por todos los habitantes de El Cenizo. Cuando alguno de los habitantes de aquí necesita algo, la comunidad se une y recurren a otras instancias como el gobierno, empresas privadas o la televisión para tratar de resolver el problema. “Hace poco una señora se quedó sin casa”, cuenta la señora Villegas. “Nosotros buscamos ayuda a través de la televisión y otras agencias.  Logramos que le donaran una “trailita”, madera, le pusieron drenaje y gracias a ello, ya tiene dónde vivir.”

 

Aunque no siempre es así. El señor Rodríguez recuerda que: “aquí vivía una ancianita que murió en junio pasado. Por alguna razón, nunca hubo una agencia ni federal ni estatal que le diera la mano, y eso que era ciudadana americana. Quizá era muy orgullosa, no lo sé. Vivía en una casita de madera que no estaba forrada. No tenía “insulación”, no tenía drenaje, nada más una ventana y una puerta.”

 

Y así como las anteriores, en el Cenizo hay miles de historias protegidas en cada una de las casas y de las calles de este lugar. Algunas nos hablan de cuando la Border Patrol los asediaba, hecho que afortunadamente se ha dejado de presentar. Otras, de cuando se construyó el Centro Comunitario y llamaron a todos los niños a plasmar sus huellas en los ladrillos del interior de esta construcción, como recuerdo y homenaje de las personas que vivieron este momento. Otras más, del por qué la mayoría de los jóvenes de aquí se casan entre los 17 y los 18 años de edad, de las noches compartidas para jugar béisbol y básquetbol, de la mayor distracción del lugar -- la televisión -- y del deseo de que alguna vez llegue un grupo musical, una obra de teatro o un cine móvil para aligerarles su asilamiento.

 

Y hay otra historia, la del mural que decora una de las bardas de la calle y que fue parcialmente destruido hace unos meses debido a la intensa lluvia que asoló este lugar.

MURAL

 

El mural habla de la fe y la determinación de la gente por tener un futuro mejor. El color que lo baña, predominantemente el morado, fue tomado de los tonos de los capullos de la planta conocida como el Cenizo.

 

Fue pintado por voluntarios que trabajaron durante largas horas bajo del sol. Un sol candente, agobiante, perturbador. Pero gracias a estos artistas, muchos de ellos anónimos, el Cenizo tiene una historia que contar a todos sus visitantes y está ahí, esperando que miradas desconocidas lo descifren.  

La mitad de un calendario azteca abre este mural y la otra mitad lo cierra. Este representa la herencia ancestral de los residentes de la comunidad.  Entre sus figuras animalezcas está el cuervo, conocido por ser un símbolo universal que representa el alma o el espíritu.  Otro, es el coyote, ese animal al que han tenido que enfrentarse miles de inmigrantes en su viaje a las tierras americanas y que ha  perturbado sus esperanzas, sueños y vulnerabilidad. Y finalmente, el armadillo, que representa los problemas de salud a los que los habitantes de El Cenizo han tenido que enfrentarse a veces sin ninguna ayuda médica.

 

Pero también en este mural está reflejada la esperanza de una mejor vida futura la cual sólo se logra a través de la educación. Por eso, la figura de un niño dirigiéndose a la escuela es quizá una de las más importantes, ya que son precisamente los niños de hoy quienes edificarán el futuro de El Cenizo.

 

Y no podía faltar la religión. A pesar de que en esta ciudad hay diversas manifestaciones religiosas, se escogió a la Virgen de Guadalupe como símbolo de fe y hermandad de todos los pueblos latinoamericanos.

 

Son más, muchos más los símbolos que encontramos en este mural, esperando que usted los conozca ya que a través de ellos, podemos entender la fuerza, esperanza y determinación de los miles de hombres, mujeres y niños que han llegado a El Cenizo con el objetivo de obtener una vida mejor.

 

EL CENIZO

 

La gente de aquí lo sabe, pero muchos otros, no. El Cenizo es una planta nativa de Tamaulipas, Coahuila y Nuevo León. Su follaje, de color gris verdoso, puede alcanzar los 2.5 metros de alto. Su período de floración abarca los meses de marzo y junio, produciendo hermosas flores color rosa mexicano que a veces se confunden con el púrpura.

 

Esta planta es la que le ha dado el nombre a la comunidad de El Cenizo, debido a que se encuentra a lo largo del camino que conduce a dicha población. Todos conocen el cenizo, todos lo han tocado, olido y disfrutado. Y todos lo cuidan, porque sin él, la ciudad perdería este ícono que es como la huella digital de la comunidad, de esta comunidad que día a día crece y se ramifica como el arbusto que le ha dado su nombre. 

 

APOYE A LA GENTE DE EL CENIZO

 

Para información, comuníquese  al Centro Comunitario El Cenizo al (956) 718-85 32