De un trabajo de Guadalupe
Flores Morán, proporcionado por el licenciado Carlos Arturo Nava Valtierra,
director del Archivo histórico Municipal del León Guanajuato, compendio lo
siguiente: ¿Cuál es el origen de la veneración a la Santa Cruz? Se remonta al
siglo III – año 292 – cuando la emperatriz Elena, esposa del emperador
Constancio Cloro, mujer de extraordinaria virtud, y perseguida por la idea
obsesionante de encontrar la Cruz de Cristo, pidió a su esposo la autorización
para demoler el templo dedicado a uno de los dioses del imperio romano,
construido justo sobre el monte Calvario, pues estaba segura de encontrar la
reliquia bajo el gran templo. Conseguida la autorización, movilizó muchos
obreros y efectivamente, bajo los escombros hallaron no una sino tres cruces
deduciendo que una debía corresponder al Salvador y las otras a cada uno de los
ladrones con el crucificados”.
¿Cómo saber cual era la
cruz de Jesús? Una idea cruzó por la mente de la emperatriz Elena: mando
llevasen a su presencia un difunto que estaba próximo a ser sepultado, le
fueron colocando sobre cada una de las cruces encontradas, y al tocar una de
ellas recobró la vida. Ya no había duda: ésta era la verdadera cruz en que
murió el Redentor del mundo. Por esta razón la emperatriz Elena fue
canonizada, y se le venera como Santa Elena de la Cruz.
A la muerte de Constancio
Cloro fue proclamado emperador su hijo Constantino, quien pronto sería testigo
de un gran prodigio: marchaba hacia Roma con sus ropas listas para enfrentar a
Majencio, quien aspiraba la gobierno del imperio romano, y cuyo ejercito era muy
superior. Mas sintiendo Constantino que necesitaba una ayuda extraordinaria,
pidió al dios de los cristianos este auxilio, y su oración fue atendida. Esa
tarde, hacia la puesta del sol, apareció en el cielo, y a la visa de todo el
ejercito, una cruz luminosa con la inscripción “In hoc signo vinces” (Con
este signo vencerás).
Esa misma noche se le
apareció en sueño Cristo, mandándole que hiciese un lábaro tomando como
modelo la cruz que se le había aparecido, y lo llevase en todas las batallas.
Así lo hizo: Majencio fue derrotado y en su huida se ahogo en el Tíber; desde
aquel día, como prenda de su victoria, Constantino mandó poner la cruz como
remate de su corona, lo mismo que en las banderas y en lo alto del Capitolio.
Como primer acto de gobierno promulgó el
edicto de Milán (ano 313), por lo cual se concedía a los cristianos la
libertad de culto, restituyéndosele las iglesias y demás pertenencias de que
habían sido despojados. Se deduce que quienes demolieron el templo y sacaron de
los escombros la Santa Cruz, fueron trabajadores de la construcción, y ese es
el motivo por el que dichos obreros, desde tan lejanos ayeres, consideran como
algo muy suyo a la Santa Cruz.
Ya en el siglo VII, en el
imperio romano de oriente, en el año 611, el monarca persa Cosroes II emprendió
la conquista de las provincias bizantinas orientales, con un poderoso ejercito,
arrasando Siria y Jerusalén, que cayo después de veinte días de asedio en el
año 614.
La iglesia del Santo
Sepulcro erigida por Constantino, fue saqueada e incendiada, llevándose los
invasores un gran botín, en el que entre otras reliquias, iba la Santa Cruz que
Cosroes condujo hasta Ctesifonte, capital sasánida. Pocos años después, el
emperador bizantino Heraclio (610-614) salió de Constantinopla con un fuerte
ejercito, realizando tres brillantes campañas contra los persas, entre 622 y
628, que llevaron las armas imperiales de victoria en victoria hasta casi las
puertas de Ninive. La Santa Cruz fue recuperada, conduciéndola el Basileo en
persona hasta Jerusalén, el 21 de marzo de 630 – así nos dice el historiador
armenio Sebeos, en su “Historia del emperador Heraclio” – no sabemos por
qué causa la iglesia acomodo la fiesta de la restitución de la reliquia para
el día 3 de mayo. De estos acontecimientos, se originó la devoción de la
Santa Cruz, extendida por todo el mundo cristiano.
RESUMIDO
DEL ARTICULO: “UN PUEBLO PREHISPÁNICO, SANTA CRUZ TLACOQUEMECATL”,
PUBLICADO EN EL PERIODICO EXCELIOR EL JUEVES 2 DE DICIEMBRE DE 1993.
AUTOR:
JORGE DE