CALAVERAS

 

Existen deidades dentro de la mitología mexicana que muestran calaveras: Coatlicue, la vieja madre de todos de aspecto cadavérico; Miquiztli, dios de la muerte; Mictlantecuhtli, señor de las profundidades de la tierra donde moran los muertos por causas naturales y su esposa, Mictecacihuatl.

 

En la calavera mexicana la muerte no es extrahumana ni sobrehumana, no tiene nada de fantasma, por lo tanto no estimula a relacionarla con lo macabro.

 

Las “Calaveras” son versos festivos que comentan en epitafio el día de muertos, los defectos de personajes vivos que son presentados como ya muertos, sin respeto por jerarquías sociales o por la importancia política de quienes son satirizados. En ellos se dice como murió  y en ocasiones como lo fue después de que supuestamente terminó su vida en la tierra. En esa tradición destaca la “Monja Jerónima”, conocida como la Madre Matiana del espíritu santo, quien vivió hacia fines del siglo XVI y principios del XVII, a la que atribuyen profecías o epitafios que se transmitieron de boca en boca. Sin embargo, la censura colonial impidió la libre circulación de calaveras en la prensa.

 

Pero existe evidencia de que las más antiguas aparecieron en un diario de Guadalajara. Por esa misma época, en los últimos días de noviembre de cada ano, circulaba en ese lugar otro diario llamado La Madre Matiana, el cual ofrecía exclusivamente calaveras en las que se satirizaba a políticos prominentes, siempre acompañados por frases como “la pelona”, “la flaca” y otros epítetos de la muerte, la cual nunca aparece con un tinte macabro.

 

Las calaveras van siempre ilustradas de manera igualmente vistosa, generalmente con cráneos o esqueletos. Los primeros dibujos aparecieron en 1872, fueron creados por el litógrafo Santiago Hernández. Tiempo después, los grabadores Manuel Manilla y José Guadalupe Posada, también inician sus primeras caricaturas de calaveras.

 

Y es Posada quien logra hacer de ello una verdadera costumbre. Convirtió en famosa calavera, lo mismo al presidente que al general, hablando con deliciosa ironía, humor y sarcasmo de las diferentes dificultades, molestia y apuros que les amargaban la vida.

 

Dichos versos son una crítica que no recurre a la indignación moral, sino a la ocurrencia ingeniosa y a los alfilerazos satíricos, como mera forma de desahogarse.

 

 

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Calaveras de azúcar

 

Realizadas principalmente para ser regaladas o adornar las ofrendas que se colocan a los muertos en los hogares, las calaveras de dulce o azúcar son quizá uno de los objetos más representativos del día de muertos.

 

El procedimiento de hacerlas resulta sencillo; el azúcar se disuelve en agua, hasta obtener un jarabe muy espeso que luego se vacía en moldes. Cuando la calavera está seca, entonces se decora con filigrana de azúcar coloreada y recortes de papel de plata o lustre en colores chillantes, sin que falte colocar en la parte superior del cráneo el nombre de pila.

 

Existen también las de amaranto con nueces en las cuencas y pepitas de calabaza o cacahuate que hacen las veces de dientes. O las mismas de azúcar pero decoradas con lentejuelas y papelitos de colores.

 

Otra variedad de las calaveras son los esqueletos que pueden ser de chocolate o plástico, los cuales son muy atractivos a los ojos de los niños. Estos, también se pueden encontrar dentro de un ataúd de cartón, con los que también se adornan las ofrendas.

 

Resumido del artículo: “Extravagante y festiva, la calavera ha sido siempre compañera de juegos del mexicano”, publicado en Metrópoli el viernes 22 de octubre de 1992., pag.18-19. autor: Angélica Colín.

 

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