VIAJANDO POR LAS INMEDIACIONES DE LAREDO Y SU ARQUEOLOGIA

Por: Ramón Talavera Franco

“Laredo era como una isla porque se mantuvo apartado durante mucho tiempo. Sus “isleños” estaban acostumbrados a ver exclusivamente “hacia adentro”, como si Laredo fuera la única ciudad que  existiera. No sentían curiosidad de ver más allá de la planicie desértica que los rodeaba y no tenían la menor intención de cambiar nada. Por eso, Laredo sigue siendo un lugar de costumbres. Pero ahora, con el tratado de libre comercio, los puentes, las exportaciones y la gente que viene de otros lugares, los laredenses hemos comenzado a ver “hacia afuera”.

Estas son palabras de Rose T. Treviño, una devoradora de libros, fotógrafa incansable de Laredo, de sus inmediaciones y arqueóloga de corazón. Fundadora de la Sociedad de Arqueología del Condado de Webb, la señora Treviño se ha dedicado por más de tres décadas a descubrir los pueblos, la arquitectura, la historia, cultura y tradiciones de Laredo y sus alrededores.

  “Mi interés por la arqueología se debe a que nací en Veracruz y aprendí a  valorar la historia del lugar” – nos dice la señora Treviño -  “Desde niña, tuve la inquietud de ser periodista o arqueóloga y cuando tenía como 10 años, empecé a leer temas relacionados con arqueología. Recuerdo que siendo niña, saqué un libro grandote de la biblioteca que hablaba de la historia de los griegos. La señora de la librería se sorprendió cuando me vio sacarlo y me dijo: “ nadie había sacado este libro antes y leerlo, ¡mucho menos!”. Pero yo sí lo leí. Ya siendo adulta, me gustaba ir a la biblioteca que estaba en el centro, aquí en Laredo. Iba una vez por semana. Me fui de izquierda a derecha de los libreros, para leer todos los libros y leí y aprendí de todo.  También llevaba a mis niños para que ellos, a su vez,  sacaran libros.”

Este deseo por aprender, impulsó a la señora Treviño a viajar y hacerlo principalmente en las cercanías de Laredo. Así descubrió que esta ciudad estaba rodeada de historia, tradiciones y arqueología poco conocida, descubrimiento que la impulsó a fundar la Sociedad de Arqueología del Condado de Webb: “Un profesor y yo fundamos la Sociedad de Arqueología – recuerda con emoción. Después, otros maestros se unieron a la Sociedad, pero como los maestros se van continuamente de aquí - no sé porque-  a veces yo era la única miembra. Durante varios años reuní a gente interesada en arqueología y comenzamos a tomar cursos en la Sociedad arqueológica de Texas. Ahí va uno de voluntario. Hay arqueólogos que te enseñan, te dan clases, y te proporcionan mucha información. Forman grupos en diferentes Condados para que cuando los arqueólogos necesiten gente, haya grupos preparados y puedan ir a trabajar, pagando ellos sus propios gastos, porque eso sí, el que esté interesado, debe pagar sus propios gastos. No le cuesta nada al Estado. Desde que me uní a esa Sociedad, he trabajado en muchísimos lugares haciendo arqueología. He trabajado en excavaciones en el Community College,  en la construcción de los puentes, en la Iglesia de San Agustín y en el museo de la Republica de Río Grande, entre muchos otros,  donde  por cierto fue el único lugar en el que hicimos arqueología bajo aire acondicionado. Fue muy agradable trabajar así, porque la mayoría de los trabajos los hacemos a la intemperie, soportando las altas temperaturas del sol”.

Hoy en día, la Sociedad Arqueológica del Condado de Webb la conforman más de 60 personas y realizan viajes tanto a México como a otras ciudades de Estados Unidos:  “Un día – comenta la señora Treviño – después de escuchar a Colosio mencionar que por hacer turismo comercial se estaban acabando los recursos naturales, se  me ocurrió hacer viajes culturales. Así decidí ir a explorar los pueblitos cercanos a Laredo. Muchas veces me fui sola porque no había nadie que quería ir conmigo. Tomaba fotografías y se las enseñaba a mis amigos quienes empezaron a pedirme que los llevara cuando regresara. Así, comencé a llevar gente en mi camioneta. Yo tenia una Explorer y la llenaba de gente y de equipo para acampar. Así empezó todo”.

De esta manera, la señora Treviño descubrió el pasado indígena, el colonial y el del “American Cowboy” que se encuentra a lo largo de la frontera; se maravilló con las pinturas rupestres que hay aún escondidas en algunas cuevas y se emocionó cuando gente totalmente desconocida, le brindó su corazón: “Una vez fuimos a San Rafael de las Tortillas ubicado en la división entre Tamaulipas y Nuevo León. Ahí corre el río salado que se convirtió en la línea divisora de dos pueblos. En el pueblo de San Rafael hacían tortillas y la gente del otro pueblo cruzaban a San Rafael para comprar este producto. Por eso se llama San Rafael de las Tortillas. En este lugar hay muchas casas antiguas hechas de piedra arenisca. En las vigas todavía se puede leer cosas como: ”En esta casa reina dios y la paz” cosas así. Es un pueblito bonito, pero  cuando se construyó la carretera nueva, se abandonó y poca gente lo visita. Cuando llegamos al pueblo, la gente nos recibió con los brazos abiertos. Hicieron fiesta, tenían comida regional, recitaron poesías que hablaban de los recuerdos de su pueblo. Algunas nos hicieron llorar. Es un lugar que recuerdo con gran emoción”.

  A donde va, lleva su cámara fotográfica consigo. Esto le ha permitido juntar cientos de fotografías que retratan los edificios, la gente, las costumbres y lo desconocido: “Hice una exposición fotográfica para levantar conciencia de las bellezas que nos rodean, para que la gente aprecie lo que tiene y que comiencen a preservarlo ahora, porque con el tratado de libre comercio, va a venir gente nueva y con ella entraran comidas nuevas, costumbres nuevas, se construirán edificios nuevos y se derrumbaran otros. Por eso yo les digo que desde ahorita tienen que decidir qué es lo que van a salvar y qué es lo que pueden dejar ir. Por ejemplo, los jacales de leña, son la gran cosa, porque están hechos de lo que hay alrededor. Pero seguramente estos desaparecerán en un futuro y debe quedar constancia de su existencia, aunque sea en fotografías o videos.

  En su casa, hay una fotografía enmarcada de una iglesia cubierta hasta la cintura por el agua. “Esa fotografía fue tomada en Guerrero Viejo. Es un lugar hermoso. Yo considero Guerrero Tamaulipas como la madre de Laredo y Guerrero Coahuila como el padre, porque de ahí vinieron muchísimas personas como los Garza Falcón, los Borrego, etc. 

A través del estudio y conocimiento adquirido por años, la señora Treviño nos permite conocer mejor la ciudad en la que vive y a la gente que conforma esta Sociedad: “En Laredo hay tres corrientes. La de mero arriba que es donde está la gente que trabaja aquí: los que trabajan en el correo, las escuelas, las oficinas de gobierno, etc. Luego está la corriente de abajo, que es toda la gente nueva, como los indocumentados, los americanos, las personas que no son de aquí. Y por último, está la corriente de en medio que son una mezcla de culturas, de casamientos entre familias de Zapata, de San Ignacio y de Eagle Pass. Es una corriente que absorbe, pues son las mismas familias casándose y los descendientes volviéndose a casar. Estas familias extendidas, son parte de la cultura de aquí. Toda la gente está emparentada, al estilo morisco. Y digo morisco por que la gente de aquí se comporta un poco como ellos. Por ejemplo, antes un señor no llevaba hombres extraños a su casa. Las señoras no salían solas, apenas hace como 20 años que empezaron a cambiar las cosas. Aquí lo que es tradicional es la familia. Por eso casi todos los que se van, regresan.  Por ejemplo, muchos jóvenes que son de Laredo y que se van a otras ciudades a estudiar la universidad, se van diciendo que no volverán porque aquí no hay nada que hacer, pero no es cierto. Todos vuelven porque aquí están sus raíces. Aquí no son un cero a la izquierda. Aquí tienen un lugar.  La gente te pregunta  ¿Y de qué familia eres tú?... “Pues soy García”... ¿Y qué García eres?” Entonces te ponen en tu lugar y dicen cosas como: “Ah, sí, yo me acuerdo. Tu tío Tomás era tío de mi abuela, etc.” Luego luego sacan el parentesco. A los que son de aquí, se les abren las puertas. Los que no son de aquí los miran con sospecha porque son extraños. ¿De donde vienen?, ¿Cómo son?, ¿Qué es lo que quieren de aquí? Son costumbres muy moriscas.”

  Conversar con la señora Treviño, es descubrir Laredo. Ha sido testigo de sus cambios y como si fuera extranjera en su misma tierra, no deja de asombrarse del crecimiento que ha alcanzado esta ciudad en tan corto tiempo: “Laredo a crecido muy rápido. Llegan muchos tráilers aquí. ¡Yo no sabía que había tantos en el mundo! Si usted va por el camino de las minas y voltea para los dos lados, verá que son millas de camiones estacionados, listos para recibir su carga. Se queda uno con la boca abierta. Esto es parte del crecimiento de la ciudad. Por un lado me gusta que Laredo crezca, pero por otro, me acuerdo cuando tenía como 7 años que íbamos  a la plaza de San Agustín y era un pueblito muy pintoresco. No tenía nada de industrias. Era otro Laredo. Ahora nos están  cambiando todo el estilo de vida de la frontera y nos están separando a Laredo y Nuevo Laredo que son ciudades hermanas. Yo antes iba a Nuevo Laredo a cada rato y compraba cosas. Las personas de Nuevo Laredo, venían acá a comprar también. Íbamos y veníamos a visitar a la amiga, a la comadre, a las fiestas, como si estuviéramos en el mismo pueblo. No había tanto requisito y tanta cosa para cruzar. A todo el mundo conocíamos. Estos reglamentos de pasar de un lado a otro comenzaron cuando los republicanos- no me acuerdo si fue con Reagan o con Bush -  se empezaron a preocupar por tanto cruce de indocumentados y empezaron a poner dificultades para el cruce. Fue también cuando comenzaron a aparecer racistas americanos que nos estaban invadiendo y querían imponer el “english only”, que yo digo que también era por razones políticas, porque querían que todas las noticias, que todo se hiciera nada más en inglés. Pero entonces, si todo estaba en inglés, los hispano parlantes que votan, sobretodo por los demócratas que son las minorías, entonces se iban a sentir intimidados por el idioma y no iban a votar. Pero tampoco a ninguno de los que somos bilingües nos gustó esta medida y nos impusimos para que aquí se siguieran hablando los dos idiomas. Y lo logramos.”

  Y este Laredo del que nos habla la señora Treviño, es un Laredo que sigue cambiando día a día a paso agigantado. En la gente empieza a nacer la conciencia de haber estado aislados durante mucho tiempo y las nuevas generaciones exigen que Laredo llegue a una edad adulta. Pero para que esto sea posible, es necesario, como dice la señora Treviño, cuidar las tradiciones, atesorarlas, valorarlas y darlas a conocer al mundo exterior.

  Gracias a su esfuerzo y a la Sociedad de Arqueología del Condado de Webb, ahora hay muchos laredenses que desea atesorar la historia de esta ciudad y de sus alrededores. Por ello viajan y seguirán viajando para descubrir su pasado, conocer sus costumbres y crear en la gente conciencia de la importancia de sus tradiciones para estar preparados ante los cambios que este nuevo milenio avecina. 

  La Sociedad de Arqueología del Condado de Webb tuvo un débil inicio, pero ahora camina a paso seguro hacia el futuro.

  Si usted quiere tener información respecto a la Sociedad de Arqueología del Condado de Webb, comuníquese al teléfono: (956) 724-79-24