ALTARES DE MUERTOS
Autor:
Victor Fozado
Se
arregla generalmente en una mesa pegada a la pared en el centro o lugar más
importante de la casa donde usualmente se encuentra el altar de los santos, fotografías y recuerdos
importantes para la familia. La mesa se cubre con un lienzo blanco, morado,
negro o con encaje o adornos en las orillas sobre el que se ponen servilletas
bordadas y de papel picado. Al frente se arma un arco con ramas de palmera u
otras plantas de la region; de lo alto cuelgan frutas, dulces, flores y adornos
de papel. Terminado esto se colocan al fondo, sobre una base, el santo o santos
favoritos de la casa y algunos retratos de los difuntos con flores a sus lados.
Al frente se ponen las velas de cera pura de abeja en vistosos candeleros de
barro negro vidriado o de hojalata, hechos especialmente para estas
festividades; en algunos lugares de la costa se utilizan trozos de tronco de plátano
para las velas. Se acomodan las ollas, platos y cazuelas con toda la comida y el
chocolate, viandas que no se tocarán sino hasta que se “hayan ido las
animas” y se hayan recitado los rezos. A los lados de la ofrenda se colocan
los “gustos” de los difuntos:
para los niños, juguetes, dulces y ropa o zapatitos; para los grandes,
cigarros, tequila o algún que otro aguardiente. No faltará un vaso de agua
pura, al frente, que “recoge todo aire malo” y que simboliza purificación
(como el agua bendita); en el piso y entre flores, los incensarios con copal
sobre el carbón encendido, sahumarán el
altar y la casa. Al pié de las imágenes se encienden veladoras que no se
apagarán hasta que se haga el convite de la ofrenda; los primeros platos se
apartarán para los compadres. Después, todos participarán de la ofrenda con
gran regocijo sabiendo que los difuntitos ya “vinieron a gustar”, simbólicamente,
de este agasajo y que permanecieron con la familia hasta el atardecer, que es
cuando “se despiden” o “salen”.