SOL3DADES

 

   AUTOR: RAMON TALAVERA FRANCO

 

 

PERSONAJES POR ORDEN DE APARICION

 

 

DOÑA PRUDENCIA                 58 AÑOS

 

 

ABRIL                                            35 AÑOS

 

 

ESPERANZA                            30 AÑOS

 

 

ANGUSTIAS                             39 AÑOS

 

 

SOLEDAD                               25 AÑOS

 

 

JUAN                                       30 AÑOS

  SON LAS NUEVE DE LA MAÑANA DE UN SABADO. PATIO DE UNA AZOTEA. AL FONDO,  SE VEN TRES CUARTOS CON LA FACHADA PINTADA DEL MISMO COLOR (AMARILLO O VERDE DE PREFERENCIA), DECORADOS CON PLANTAS Y MOTIVOS RELIGIOSOS. ESTO  ENGAÑA AL ESPECTADOR YA QUE PARECE UN SOLO CUARTO GRANDE. PERTENECEN A ANGUSTIAS, ABRIL Y ESPERANZA RESPECTIVAMENTE.  A LA DERECHA DEL ESPECTADOR ESTA EL CUARTO DE SOLEDAD. LA FACHADA ES SUCIA Y LA PINTURA – QUE ALGUNA VEZ FUE BLANCA – ESTA DESCARAPELADA. NI UNA PLANTA NI NADA LA ADORNAN. A LA IZQUIERDA, ESTA EL CUARTO DE DOÑA PRUDENCIA. LO QUE RESALTA DE ESTE SON LAS CORTINAS FLOREADAS. UN POCO RECARGADO HACIA LA DERECHA Y CASI EN PROSCENIO SE ENCUENTRAN CINCO LAVADEROS MUY PEGADOS UNOS A OTROS. LARGOS Y GRUESOS TENDEDEROS ATRAVIESAN EL ESCENARIO.

 

AL INICIAR LA OBRA, DOÑA PRUDENCIA ESTA COLGANDO ROPA RECIEN LAVADA. PROVENIENTE DEL CUARTO DE SOLEDAD, SE ESCUCHA UN LARGO GEMIDO. DOÑA PRUDENCIA MIRA HACIA EL CUARTO DE SOLEDAD. MUEVE LA CABEZA DE UN LADO A OTRO COMO DICIENDO “POBRE MUJER”. ANGUSTIAS SALE DE SU CUARTO. LLEVA UNA CANASTA DE ROPA SUCIA. SE ACOMODA FRENTE A LOS LAVADEROS.

 

ANGUSTIAS: (SONRIENTE) ¡Buenos días, doña Prudencia!

 

DOÑA PRUDENCIA: (SERIA. SIN VERLA) ¡Buenos días!

 

CASI AL MISMO TIEMPO SALEN DE SUS CUARTOS ABRIL Y ESPERANZA QUIENES, AL IGUAL QUE ANGUSTIAS, LLEVAN CESTAS DE ROPA PARA LAVAR. ESPERANZA, AL VER A DOÑA PRUDENCIA, HACE UNA MUECA DE DISGUSTO Y DA UN PASO ATRÁS COMO QUERIENDO REGRESAR A SU CUARTO. FINALMENTE DECIDE  ACERCARSE A LOS LAVADEROS.

 

ABRIL: ¡Buenos días, Esperanza!

 

ESPERANZA: (SECA) ¡Hola!

 

ANGUSTIAS: ¡Buenos días, Abril!

 

ABRIL: ¡Buenos días, Angustias!

 

SE ESCUCHA OTRO LAMENTO DESDE EL CUARTO DE SOLEDAD

 

ABRIL: (EN BROMA) ¿No ha terminado de parir Soledad?

 

ESPERANZA: (MOLESTA) ¡Ya nos tiene hasta la madre con esos pujidos!

 

ANGUSTIAS: Creo que tenemos que hablarle a un sacerdote para que la ayude.

 

ABRIL: (EXTRAÑADA) ¿Un sacerdote? ¿Pa’qué?

 

ANGUSTIAS: Para que le saque el demonio.

 

ESPERANZA: ¿Qué tarugada estás diciendo?

 

ANGUSTIAS: No es ninguna tarugada. A una muchacha de mi pueblo se le metió el demonio luego lueguito que dio a luz y gritaba igualito que Soledad, hasta que un día llegó un sacerdote y quien sabe qué le hizo, y le sacó el demonio.

 

ESPERANZA: (RIE BURLONA) ¡Qué pendejada!

 

ANGUSTIAS: Deveras... si no es el demonio que se le metió, ¿por qué grita tanto desde que tuvo a su bebita?

 

ABRIL: A lo mejor le salió mongolita y grita y chilla de puro coraje.

 

RIEN MORBOSAMENTE

 

DOÑA PRUDENCIA: ¡Ya cállense, argüenderas!... ¡Pónganse a lavar en lugar de  estar criticando!

 

ANGUSTIAS: Es que no es normal, doña Prudencia. 

 

ABRIL: Además, ¿por qué no deja que ninguna de nosotras vea a la niña?

 

DOÑA PRUDENCIA: Si Soledad no se las quiere enseñar, sus razones tendrá.

 

ABRIL: (INTRIGOSA) Claro, como usted cuida a la chamaca mientras Soledad trabaja, por eso habla. Usted es la única que la conoce y ha de saber por qué no nos la deja ver.

 

ESPERANZA: Pues yo lo único que digo es que no debería encerrarse tanto tiempo y esconderse de todas. Debería ser más sociable. ¿Qué le hemos hecho?...(INTRIGOSA)... si lo fuera, se enteraría de cosas que le convendría saber.

 

ABRIL Y ANGUSTIAS: (INTERESADAS) ¿Qué cosas?

 

ESPERANZA: (MISTERIOSA) Cosas...

 

ABRIL: (INTERESADA) ¿Nos tienes algún chisme?

 

ESPERANZA: (BURLONA) ¿Chismes, yo? Ay, no, como creen...

 

ABRIL Y ANGUSTIAS SE ACERCAN A ESPERANZA MIRÁNDOLA INTERROGATIVAMENTE QUIEN LAS IGNORA DÁNDOSE IMPORTANCIA. TOMA UNA BLUSA. LA LAVA.

 

ESPERANZA: (DESPUÉS DE UN SILENCIO PESADO)  Ayer ví a Juan.

 

ABRIL Y ANGUSTIAS: (SORPRENDIDAS) ¡No!

 

ESPERANZA: ¡Sí!

 

ANGUSTIAS: ¿Dónde?

 

ESPERANZA: (MISTERIOSA)  En el mercado. Chocó  conmigo a la entrada.

 

ABRIL:  (INTERESADA) ¿Y qué pasó?

 

ESPERANZA: Cuando me vio se puso  re’nervioso el hijo de la chingada... (RIE)... nomás acordarme de su jeta me da risa...“Hola Juan, ¿Cómo está?” –- le dije – “¿Cuándo regresó que no lo hemos visto con Soledad?”... (RIE)... le sudaron hasta los guevos al cabrón. 

 

ABRIL: ¿Pero qué te dijo?

 

ESPERANZA: Me dijo que apenas ayer había regresado “del otro lado”, y que como estaba arreglando unos asuntos -no me dijo cuales por supuesto - no había podido venir a ver a Soledad... ¡Sí, cómo no!... pero cuando se despidió, me dijo que hoy viene para acá.

 

ANGUSTIAS: (PERSIGNÁNDOSE) ¡Ave María Purísima!

 

DOÑA PRUDENCIA: No le habrá dicho nada de la niña, ¿Verdad?

 

ESPERANZA: Ay, no. ¿A poco me cree tan mala?

 

DOÑA PRUDENCIA: La conozco muy bien, Esperanza y sé que usted no hace nada por nadie, y menos por Soledad.

 

ESPERANZA: ¿Qué  quiere decir?

 

DOÑA PRUDENCIA: Lo que todas sabemos. Que aún no le ha podido perdonar a Soledad que se haya acostado con Epimeteo.

 

ESPERANZA: (MOLESTA) ¡Él me amaba!

 

DOÑA PRUDENCIA: ¿Entonces por qué le hizo una hija a Soledad y no a usted?

 

ESPERANZA: (CONTENIDA) Ah caray... hoy amaneció con ganas de joder, ¿verdad?

 

ANGUSTIAS: ¡No le hables así a doña Prudencia, Esperanza!

 

ESPERANZA: ¡Tu cállate! (ENFRENTÁNDOSE A DOÑA PRUDENCIA) Mire señora, le recuerdo que Epimeteo estaba comprometido conmigo y ahorita estaríamos casados si Soledad no se le hubiera metido entre las piernas.

 

ANGUSTIAS: ¡No seas tan vulgar!

 

ABRIL: (INTERRUMPIENDO) Esperanza... ¿Deveras te dijo Juan que viene hoy?

 

ESPERANZA: ¡Llegará en cualquier momento!

 

ANGUSTIAS: ¿Qué va a pasar cuando se entere de la niña?

 

ESPERANZA: (BURLONA) ¿Ya ven por qué les digo que Soledad debería ser más sociable? Si abriera esa pinche puerta se enteraría y así podría hacer algo,  (BURLONA) no sea que cuando Juan vea a la niña se espante y se le vuelva  a ir.

 

DOÑA PRUDENCIA: ¡Basta, Esperanza!

 

ESPERANZA: (MUSTIA) Vaya, ahora que una quiere hacer el bien, se lo toman  a mal.

 

ABRIL: Pues hay que decírselo a Soledad. Si Juan ve a la niña, no sé qué puede pasar.

 

ANGUSTIAS: Doña Prudencia... ¡Dígaselo usted!

 

DOÑA PRUDENCIA: ¿Está loca?

 

ANGUSTIAS: Es que ni a Esperanza, ni a Abril, ni a mí nos va a creer.

 

DOÑA PRUDENCIA: Pues yo tampoco lo creo.

 

ESPERANZA: En su conciencia caerá, doña. Yo ya dije lo que sé.

 

ANGUSTIAS: (A DOÑA PRUDENCIA) Dígaselo, doña Prudencia. Hágalo por la niña.

 

DOÑA PRUDENCIA: No.

 

ANGUSTIAS: Por la Virgencita de Guadalupe.

 

ABRIL: Créale a Esperanza.

 

ANGUSTIAS: Si Juan ve a la niña puede enloquecer de furia.

 

ABRIL: Y si Juan se vuelve a ir...  quien sabe de lo que sea capaz Soledad.

 

ABRIL Y ANGUSTIAS CONTINÚAN EN SU INTENTO POR PERSUADIR A DOÑA PRUDENCIA. ESPERANZA, HARTA DE ESCUCHAR A LAS MUJERES, LLAMA A LA PUERTA DE SOLEDAD Y CORRE HACIA UNO DE LOS LAVADEROS.

 

ABRIL Y ANGUSTIAS: (ESPANTADAS) ¡Qué haces!

 

ESPERANZA NO RESPONDE. DESPUÉS DE UNOS SEGUNDOS, SOLEDAD ABRE LA PUERTA. ANGUSTIAS, ESPERANZA Y ABRIL MIRAN HACIA OTRA PARTE. SOLEDAD LAS MIRA EXTRAÑADA. DOÑA PRUDENCIA, QUERIENDO SALVAR LA SITUACIÓN SE ACERCA A SOLEDAD.

 

DOÑA PRUDENCIA: Buenos días, Soledad... (TITUBEA) Me dijo que pasara hoy temprano por el dinero del mes, ¿Se acuerda? 

 

SOLEDAD LA MIRA. SE METE A SU CUARTO SIN CERRAR LA PUERTA. ABRIL Y ANGUSTIAS MIRAN A DOÑA PRUDENCIA. LE HACEN SEÑAS PARA QUE SE ANIME A HABLAR. ESPERANZA SE ACERCA A UNO DE LOS LAVADEROS. JUEGA CON EL AGUA SIN RETIRAR LA MIRADA DEL CUARTO DE SOLEDAD. ÉSTA SALE DEL CUARTO. EN UNA DE SUS MANOS SOSTIENE UN MONEDERO. LO ABRE Y SACA UNOS BILLETES. SE LOS DA A DOÑA PRUDENCIA.

 

SOLEDAD: (CORTANTE)  ¿Algo más?

 

DOÑA PRUDENCIA: Voy a ir a la iglesia un momento. ¿Le gustaría que me lleve a la niña y a Ulisito? Regresando de la iglesia me puedo detener un momento en el parque. No le cobraré por pasearlos.

 

SOLEDAD: (EXTRAÑADA) Ulisito está jugando con los hijos de Don Chucho en la tienda y la niña está dormida.

 

ANGUSTIAS: (INTERRUMPE) Soledad... has estado llorando mucho hoy. ¿Te sientes mal?

 

SOLEDAD: (GROSERA) ¡A ti que te importa!

 

ANGUSTIAS: Pero piensa en tu niña. No es justo que sienta tu tristeza tan chiquita.  Si quieres yo me puedo encargar de la niña mientras tú...

 

SOLEDAD: ¡Si te atreves a tocar a mi hija, te mato! (A ABRIL Y ESPERANZA) ¡Y eso va también para ustedes!

 

ANGUSTIAS: ¡Ay, yo sólo decía!

 

ABRIL: (A SOLEDAD) ¡Amargada!

 

SOLEDAD: ¡Cuida el hocico si no quieres que te parta la madre! Yo no me meto con ustedes así que no se metan conmigo. ( A ANGUSTIAS) Y tú, ve a hacerle tus caridades a quien lo necesite. Yo puedo sola.

 

ESPERANZA: (SARCÁSTICA) No te enojes Soledad, ellas  sólo quieren ayudar.

 

SOLEDAD: Lo que todas ustedes quieren es a mi hija, si no las conoceré. ¡Viejas estériles!! Me tienen envidia porque yo no estoy vacía como ustedes, pero si lo están, ha sido por su gusto. ¡Coyonas! Se mueren de ganas de tener un hijo, pero no dejan que ningún cabrón se les acerque. En lugar de encerrarse en un cuarto con un hombre, se encierran en la iglesia rogando que venga el espíritu santo a que se las coja.

 

ESPERANZA: ¡Cállate! ¡Yo aún puedo ser madre!

 

SOLEDAD: ¡Pues qué esperas! Ve a buscar a un hombre que "te la meta"  antes que te quedes como esas dos.

 

ESPERANZA: Pues enséñame a buscarlo. (IRONICA) En eso tienes mucha práctica.

 

SOLEDAD SE ABALANZA SOBRE ESPERANZA TIRÁNDOLA AL SUELO. LAS DOS MUJERES PELEAN. DOÑA PRUDENCIA, ABRIL Y ANGUSTIAS INTENTAN SEPARARLAS. ANTE TAL ALBOROTO NO SE HAN DADO CUENTA QUE JUAN HA ENTRADO AL ESCENARIO.

 

JUAN: (DESPUÉS DE MIRARLAS UN RATO) ¡Buenos días!

 

ABRIL Y ANGUSTIAS: (ASUSTADAS) ¡Juan!

 

ESPERANZA Y SOLEDAD LO MIRAN. ESPERANZA ESBOZA UNA PEQUEÑA SONRISA. MIRA A SOLEDAD Y SE VA A SU CUARTO. SOLEDAD LO MIRA COMO SI FUERA UN FANTASMA.

 

JUAN: (RIE) La misma Soledad de siempre.

 

ABRIL Y ANGUSTIAS SE ACERCAN A LOS LAVADEROS. COMIENZAN A LAVAR SUS ROPAS. DOÑA PRUDENCIA CONTINÚA COLGANDO ROPA EN LOS TENDEDEROS.

 

JUAN: (EXTIENDE SUS BRAZOS A SOLEDAD) ¿Qué, no me vas a dar un abrazo de “guelcom”, como dicen allá?

 

SOLEDAD PERMANECE INMÓVIL MIRÁNDOLO SORPRENDIDA. JUAN SE LE ACERCA. LA TOMA POR LA CINTURA Y LA LEVANTA DÁNDOLE VUELTAS POR EL AIRE AL TIEMPO QUE SOLEDAD VA REACCIONANDO. COMIENZA  A REIR DESAFORADAMENTE.

 

SOLEDAD: (RIE) Ja, ja...¡Juan!...¡Juan!... (LA RISA DE SOLEDAD SE CONVIERTE PAULATINAMENTE EN LLANTO NERVIOSO. COMO EN UN ATAQUE DE FURIA, LE GOLPEA EL PECHO REPETIDAS VECES PRONUNCIANDO SU NOMBRE. JUAN TRATA DE CONTROLARLA)

 

JUAN: (CINICO) Ya, ya, tranquila...

 

SOLEDAD SE TRANQUILIZA POCO A POCO PERO SUS MANOS NO SE ATREVEN A ABRAZAR EL CUERPO DE JUAN. FINALMENTE CEDE.

 

JUAN: Ya, ya. Aquí estoy. Te prometí que regresaría, ¿no?

 

SOLEDAD: (REPROCHE) ¡Después de tres años!

 

JUAN: (MIENTRAS HABLA, LA VA BESANDO TIERNAMENTE POR EL CUELLO, LOS OIDOS, LAS MEJILLAS, ETC.) No es fácil regresar de tan lejos, chaparra. Expones tu vida cada vez  que cruzas el charco.

 

SOLEDAD: Pero... (RECRIMINANDO) ¡¿Tres años?!

 

JUAN: ¡Oh, chingá!... lo importante es que estoy aquí, ¿no? ¿Oh, qué te pasa?

 

SOLEDAD: (ENOJADA) ¿Qué qué me pasa? Lo que le puede pasar a una mujer que ha esperado tres años noticias del hombre por el que abandonó a su marido y dejó su casa... ¡Miedo!... ¡Terror!... ¡Eso es lo que me pasa!

 

JUAN: ¡Pendejadas!

 

SOLEDAD: (ENOJADA)¡ Pendejada es que te siga amando después de que me abandonaste!

 

JUAN: ¡Me lleva la chingada!  (MOLESTO) ¡Bonito recibimiento el que me estás dando! ¡Anda! ¡Siguete luciendo con tus amigas, mira que contentas las tienes!

 

ANGUSTIAS, ABRIL Y DOÑA PRUDENCIA SIMULAN NO ESCUCHARLO. CONTINÚAN LAVANDO Y COLGANDO ROPA. SOLEDAD LE DA LA ESPALDA. JUAN SE LE ACERCA. PEGA SU CUERPO POR ATRÁS DEL DE ELLA Y MIENTRAS LA ACARICIA, LE HABLA AL OIDO.

 

JUAN: Vine a buscarte porque te prometí que regresaría  y yo siempre cumplo mi palabra. Vine pa’llevarte conmigo.

 

SOLEDAD: (SORPRENDIDA) ¿Llevarme?

 

JUAN: Claro, tontita. ¿Pos a poco creíste que t’iba ’abandonar? Si yo también te quiero... (LA ABRAZA POR DETRÁS HACIÉNDOLE PEQUEÑOS MOVIMIENTOS COPULATORIOS. MIENTRAS HABLA, OBSERVA DE VEZ EN VEZ A LAS VECINAS, COMO TRATANDO DE METERLAS EN SU JUEGO) ... y mucho... mmhh... si vieras como m’acordado de ti. No ha habido día que no les diga tu nombre a mis cuates... ”Mi  Soledad” –les digo— “cómo me hace falta la chaparra”... no te creas que he vivido feliz, no, ni lo pienses. Me haces mucha falta allá. Además, te prometí que nos casaríamos, ¿no?

 

SOLEDAD: Entonces... ¿ Es cierto?

 

JUAN: ( A LAS VECINAS) ¿Voy bien, o se han perdido de algo?

 

ANGUSTIAS, ABRIL Y DOÑA PRUDENCIA TOMAN SUS PALANGANAS CON ROPA Y SE METEN A SUS RESPECTIVOS CUARTOS.

 

JUAN: (EN TONO DE JUEGO) Ni que me vaya diez años, a estas no se les quitará lo chismosas.

 

SOLEDAD: ¿Deveras viniste pa‘que nos casemos?

 

JUAN: Pos, ¿Cuándo te he mentido? No ha habido mujer desde que te dejé... (HACE LA SEÑAL DE LA CRUZ CON EL INDICE Y EL PULGAR. LA BESA) ¡Palabra! Y pos... allá tan solo... en un país extraño, con un idioma que no acabo d’ entender... cómo crees que no te necesito... (SUSPIRA)            mi chaparrita... ¡huuy! Y qué re'chula te has puesto. (LA CARGA Y LE DA UNA VUELTA POR EL AIRE) Cuando te vean mis cuates sabrán por qué t’extraño tanto... tu cuerpo... mmhhh... qu’ermoso se ha puesto... se ve que se ha cuidado pa’su Juan ¿verdá?...cuánto me quieres, pobrecita y yo que t’hice sufrir sin querer...

 

SOLEDAD: ¿Deveras vamos a casarnos?

 

JUAN: Oh, que la canción, ya te dije que sí.

 

SOLEDAD: ¿Cuándo?

 

JUAN: Ah, que la prisa. ¡Pos hoy mismo!

 

SOLEDAD: (EXTRAÑADA) ¿Hoy?

 

JUAN: Pos, ¿Qué te pasa? ¿No que m’extrañabas?

 

SOLEDAD: Sí... solo que... ¿Por qué hoy?

 

JUAN: Por que mañana nos vamos p’al otro lado.

 

SOLEDAD: (EXTRAÑADA) ¿Mañana?

 

JUAN: Huuy, ya pareces grabadora. Sí, mañana.

 

SOLEDAD: Pero Juan, debo arreglar cosas (NERVIOSA) no puedo dejar así mi trabajo.

 

JUAN: Mándalo a la chingada. Total, ya nunca más vas a volver.

 

SOLEDAD: Pero... ¿Qué voy a hacer con mis muebles?

 

JUAN: Véndelos o regálalos. De todas maneras no nos los podemos llevar... ¡A propósito!... verás... (SE            ACERCA NUEVAMENTE A ELLA PARA CONVENCERLA POR MEDIO DE CARICIAS)   irnos con el patero es muy peligroso... tenemos que cruzar un río nadando y hay muchos policías. ¡Nos matarían si nos descubren! Yo te quiero, mamita, mi vida... no quisiera que te pasara nada... como es peligroso, sólo puedes llevar lo necesario. ¿M’entiendes?...   allá tendremos hijos... sólo nuestros... te olvidarás del pasado y comenzaremos una nueva vida, ¿m’entiendes?... hijos tuyos y  míos...

 

SOLEDAD:  Sí te entiendo... nuestros hijos... nuestro hogar.

 

JUAN: Entonces, ¿Estás de acuerdo?

 

SOLEDAD: ¿Cuándo no le he estado?

 

JUAN: (BESÁNDOLA) ¿Qué harás entonces con Ulisito?

 

SOLEDAD: (EXTRAÑADA) ¿Cómo?

 

JUAN: No lo podemos llevar con nosotros. Podría morir y eso me entristecería un chingo.

 

SOLEDAD: ¡Ulisito!.. (PARA SI) ¡La niña!

 

JUAN: ¿Qué dices?

 

SOLEDAD: (TITUBEA) No te preocupes. Ulisito  (MIENTE)  hace tiempo que ya no vive conmigo.

 

JUAN: (EXTRAÑADO) ¡Ah caray!, ¿Desde cuándo?

 

SOLEDAD: (TITUBEA)  Hace... (MIENTE) dos años... lo mandé con su abuela y su padre. Como he tenido que  trabajar no podía hacerme cargo de él. Su abuela se puso muy contenta cuando se lo llevé... siempre quiso cuidarlo. Además tú me lo aconsejaste, ¿Te  acuerdas?

 

JUAN: Hiciste bien. El chamaco vivirá mejor con su abuela y  su padre. Además, ellos tienen lana pa’cuidarlo. Ya verás que después ni te acuerdas de él.

 

SOLEDAD: ¿Dónde vamos a casarnos?

 

JUAN: (RIE) ¡Pobrecita!, Te gustó la idea del bodorrio, ¿verdá? (LA BESA) Lo tengo todo planeado. En tres horas t’espero en el registro civil que está frente al parque. (MINTIENDO) Hace rato fui allá y hablé con el juez pa’que nos case. Una vez matrimoniados nos vamos a la casa... (TITUBEA) de unos cuates y hacemos pachanga y ya pos, la noche es nuestra.

 

SOLEDAD: ¿Y ya sabe tu mamá que nos vamos a casar? Ya ves que no me quiere.

 

JUAN: No, no lo sabe. Es más, ni por aquí le pasa que estoy en el pueblo, ya sabes como es mi jefa y si me ve, no va a querer que me vaya. Esto es un secreto entre nosotros. (LE DA UNA NALGADA. MIRA SU RELOJ) ¡En tres horas ya estaremos matrimoniados como Dios manda!

 

SOLEDAD: Pero es que es muy poco el tiempo que me estás dando. 

 

JUAN:  Ya te dije que no necesitas arreglar nada. Solo empaca un poco de ropa, la que necesitas pa’pasar los primeros días. Yo te compraré lo que quieras después.

 

SOLEDAD: Pero...

 

JUAN: (INTERRUMPIÉNDOLA) ¡Nada! En tres horas nos casamos... (AMENAZADOR) No quiero  regresarme sin ti.

 

SOLEDAD: ¡Juan!

                                                           

JUAN: Era una broma. Anda, quita esa cara. Mira, mejor te vas a comprar un vestido bonito pa’que te pongas en la boda. Ten. ( METE SU MANO A LA BOLSA TRASERA DEL PANTALÓN. SIMULA PREOCUPACIÓN. REGISTRA EN TODAS SUS BOLSAS DEL PANTALÓN Y LA CAMISA) ¡Pero qué pendejo soy!

 

SOLEDAD: ¿Qué pasa?

 

JUAN: (EXAGERANDO) ¡Que pendejo soy, que pendejo!...

 

SOLEDAD: ¿Qué tienes?

 

JUAN: (MINTIENDO)  ¡Me robaron, chaparra! Seguro que me bajaron la cartera cuando  fui a comprarte unas flores hoy en la mañana, pero que ni siquiera compré porque la vendedora me hizo encabronar... sí, ya m ‘acuerdo. Había dos tipos detrás de mí y segurito se aprovecharon mientras yo discutía con la ‘ñora. ¡Qué bruto! ¡Que profesionales son esos cabrones. Me sacaron la cartera sin darme cuenta... ¿Qué vamos a hacer?

 

SOLEDAD: No te pongas así, es sólo dinero.

 

JUAN: ¿Sólo dinero? ¡Era todo lo que había traído! Era la lana pa’casarnos y pa’pagarle al patero!...¿Qué voy a hacer?.. .todo por querer comprarte unas flores y demostrarte cuánto te quiero... chaparra, ¡me dejaron bien bruja!

 

SOLEDAD: No te preocupes. Yo puedo pagarlo todo hasta que...

 

JUAN: (HACIÉNDOSE EL OFENDIDO) ¡Ni madres! No puedo aceptar lana tuya. (HIPÓCRITA) ¡Nosotros los machos no podemos permitir que las viejas sean las que nos mantengan!

 

SOLEDAD: Pero entiende...

 

JUAN: Ni una palabra más. Ya dije que no.

 

SOLEDAD: Y ¿Qué vamos a hacer, entonces?

 

JUAN: No sé... lo malo es que el juez va a estar en el registro hasta las doce. Voy a tratar de conseguir lana... con mi jefecita, supongo.

 

SOLEDAD: Pero no dices que tu mamá...

 

JUAN: (INTERRUMPE)  ¡Tienes razón! No puedo ir a verla... (TRANS)  Chaparra, si no consigo esa lana rápido se me hace que no nos vamos a poder casar.

 

SOLEDAD: (EXHALTADA) ¡Pero, Juan! ...

 

JUAN: (ENOJADO) ¿Desde cuándo tienes permiso pa’gritarme?

 

SOLEDAD: Perdóname, pero, mira... déjame pagar la boda y cuando lleguemos al otro lado, me devuelves el dinero, y ya. Tómalo sólo como un préstamo. 

 

JUAN: (HACIENDOSE ELDIFICIL) No sé...

 

SOLEDAD: Después me  lo devuelves si así te sientes mejor. ¡Por favor!

 

JUAN: Bueno pero con una condición. Que no se le digas a nadie. Me sentiría muy poco hombre si alguien se entera. Y otra cosa. No quiero que tú le des la lana al juez... ¡Qué va a pensar!...así que... si me lo pudieras dar de una vez... así pensaría que es mío.

 

SOLEDAD: ¿Cuánto necesitas?

 

JUAN: No mucho... contando la boda y el viaje serán... treinta y cinco mil pesos.

 

SOLEDAD: ¿Tanto?

 

JUAN: (CHANTAJISTA)  ¡Ves por qué estoy preocupado! Va a ser muy difícil que...

 

SOLEDAD: No, espera. Sí lo tengo, pero no aquí. Te lo daré antes de entrar al registro.

 

JUAN: No. Se puede dar cuenta el juez. (PIENSA)  Te diré qué haremos. Voy a invitar a mis cuates pa' la  boda. Así te doy tiempo pa' que vayas por la lana. Te espero en casa de Pepe. ¿Te acuerdas dónde vive?

 

SOLEDAD MUEVE LA CABEZA AFIRMATIVAMENTE.  .

 

JUAN: Entonces te espero allá (LA BESA) ¡Cuánto te quiero, chaparra!...Ya verás que todo va a salir bien. (ANTES DE DESPEDIRSE) Acuérdate... treinta y cinco mil pesos.

 

SOLEDAD: (PARA SI) ¡Tres horas!...¡Qué poco tiempo me da para arreglar mi vida!...Todo ha sido tan rápido... ¿De dónde voy a sacar ese maldito dinero?...¡Don Chucho!...¡Claro!... él debe tener mucho en su tienda... (RECAPACITA) Pinche judío, no va a querer... (RECORDANDO) Mis hijos... ¡tengo que deshacerme de ellos!... sí... voy a mandar a Ulisito con su abuela y con su padre. Me lo han pedido muchas veces... y ¿La niña?...oh, Dios, ayúdame a pensar... quizá doña Prudencia quiera quedársela. Le gusta mucho la escuincla... yo pa’qué la quiero... Juan me prometió que tendríamos más hijos, ¡nuestros hijos! No quiero obstáculos. Si no me deshago de ellos, Juan no querrá llevarme... ¡Los odio!... ¡maldigo el momento de su nacimiento!... (SE DIRIGE AL CUARTO DE DOÑA PRUDENCIA. TOCA LA PUERTA. MIENTRAS HABLA CON DOÑA PRUDENCIA, SE LE NOTARA NERVIOSA Y APURADA) ¡Doña Prudencia!...

 

DOÑA PRUDENCIA: (SALE) ¿Ya se fue?

 

SOLEDAD: Sí.

 

DOÑA PRUDENCIA: ¿A qué vino?

 

SOLEDAD: (TITUBEA) Ehhh... vino a quedarse, es decir... por un tiempo.

 

ESPERANZA, ANGUSTIAS Y ABRIL SE ASOMAN DESDE SUS CUARTOS MIENTRAS PRESENCIAN LA ESCENA.

 

DOÑA PRUDENCIA: No entiendo.

 

SOLEDAD: ¡Viene a casarse conmigo!

 

DOÑA PRUDENCIA: Me alegra oírlo.

 

SOLEDAD: (EMOCIONADA) Me quiere llevar con él, Doña Prudencia. Quiere que vivamos en Estados Unidos.

 

DOÑA PRUDENCIA: ¿Y los niños? ¿Se los llevarán también?

 

SOLEDAD: (TITUBEA) Ehhh... sí, claro.

 

DOÑA PRUDENCIA: Entonces, ¿Le habló de la niña?

 

SOLEDAD: (NERVIOSA) Sí.

 

DOÑA PRUDENCIA: ¿Cómo lo tomó?

 

SOLEDAD: (TITUBEA) Bueno... (MIENTE) Al principio se enojó como era lógico pero le hice entender que no fue culpa mía. Le dije que... le dije que Epimeteo me forzó, que me violó...

 

DOÑA PRUDENCIA: ¡Pero eso es mentira!

 

SOLEDAD: ¿Y qué? No soy pendeja, señora. ¿Usted cree que si le hubiera dicho que me acosté por mi gusto con ese desgraciado me hubiera aceptado como esposa? Además, Epimeteo hace mucho tiempo que no se para por aquí, así que Juan no tiene por qué enterarse.

 

DOÑA PRUDENCIA: ¿ Y aún así quiere casarse con usted?

 

SOLEDAD: ¿Qué quiere decir?

 

DOÑA PRUDENCIA: Quiero decir que no creo esa nueva actitud de Juan. Antes quería que se deshiciera de su hijo y ahora la acepta con él y una nueva hija.

 

SOLEDAD: La gente cambia.

 

DOÑA PRUDENCIA: ¡No me crea tan tonta, Soledad! ¡Estoy segura que no le dijo nada de la niña!

 

SOLEDAD: Ya le dije que sí.

 

DOÑA PRUDENCIA: Pues enséñele a su mirada a decir lo mismo que dicen sus palabras. ¿Qué  trama?

 

SOLEDAD: ¡Nada!  ¡Sólo quiero casarme con Juan!

 

DOÑA PRUDENCIA: ¿A expensas de la verdad?

 

SOLEDAD: Pues sí señora, a expensas de la verdad, a expensas de lo que sea.

 

DOÑA APRUDENCIA: ¡No se lo dijo!

 

SOLEDAD: ¡No!...No se lo dije... ¡Ayúdeme por favor!

 

DOÑA PRUDENCIA: ¿Qué quiere de mí?

 

SOLEDAD: Que me cuide a la niña. Sólo será por un rato, sólo el necesario para casarme con Juan y encontrar el momento de hablarle de mi hija.

 

DOÑA PRUDENCIA: ¡Eso nunca!

 

SOLEDAD: ¡Por favor!

 

DOÑA PRUDENCIA: No estará pensando en dejármela para siempre, ¿verdad?

 

SOLEDAD: Le estoy pidiendo que la cuide sólo por un rato. ¿Cómo puede pensar eso?

 

DOÑA PRUDENCIA:  Sé cuanto ama a ese hombre y sé que es capaz de cualquier cosa con tal de tenerlo a su lado. ¿No acaba de decirme que se casará a expensas de cualquier cosa? Si me la piensa dejar para siempre, no cuente conmigo. Ande a pedirle el favor a otra. A Angustias, por ejemplo.

 

SOLEDAD: ¿Está loca? No pienso hacerla feliz entregándole a mi hija.

 

DOÑA PRUDENCIA: ¿Entonces la única persona que merece ser feliz aquí, es usted?

 

SOLEDAD: Soy la única que ha luchado por serlo.

 

DOÑA PRUDENCIA: Pues bien. Vaya entonces a buscar a otra persona que le haga el favor.

 

SOLEDAD: ¿Es su última palabra?

 

DOÑA PRUDENCIA: La última.

 

SOLEDAD LA MIRA CON ODIO. SALE. ESPERANZA SALE DE SU CUARTO. TRATANDO DE NO SER VISTA, SALE DETRÁS DE ELLA.

 

ABRIL: ¿Qué pasó, doña Prudencia? ¡Cuéntenos!

 

ANGUSTIAS: ¿Vino Juan a quedarse?

 

ABRIL: ¿Se enteró de la niña?

 

ANGUSTIAS: (SUPLICANTE) Díganos.

 

DOÑA PRUDENCIA: (BURLONA) No me digan que no escucharon nada. Ustedes son las que  se enteran de todo lo que pasa aquí.

 

ANGUSTIAS: Pues no ve como nos corrió Juan. No sabemos que fue lo que pasó.

 

ABRIL: ¿Se enteró que Soledad tiene una hija?

 

DOÑA PRUDENCIA: No... parece que no se lo dijo.

 

ANGUSTIAS: ¡Dios santo! ¿Qué irá  hacer Juan cuando se entere?

 

ABRIL: ¡Pinche, Soledad!

 

DOÑA PRUDENCIA: ¡Cállese!

 

ABRIL: ¿Por qué la defiende?

 

DOÑA PRUDENCIA: Yo no defiendo a nadie. Lo que pasa es que me molesta que se la pasen criticando.

 

ANGUSTIAS: ¡ No empiecen a pelear!

 

UNA PALOMA SE POSA EN EL FILO DE LA VENTANA DEL CUARTO DE SOLEDAD.

 

ANGUSTIS:: (INTERRUMPIENDO) Oh, miren. Otra vez la paloma.

 

ABRlL: ¿Qué dices?

 

ANGUSTIAS: Mírenla. ¿No se acuerdan de esa paloma? Es la que siempre estaba pegada a la ventana de Soledad.

 

ABRIL: Tienes razón. Había dejado de venir, pero no es extraño. Hasta los animales presienten las desgracias.

 

ANGUSTIAS: No hables así, Abril.

 

ABRIL: ¿Y por qué no? Todas sabemos lo que va a pasar aquí tarde o temprano gracias a que a Juan se le ocurrió regresar.

 

ANGUSTIAS: A propósito. ¿Creen que Juan haya venido deveritas con la idea de casarse con Soledad?

 

DOÑA PRUDENCIA: Otra vez la burra al trigo. (SE METE A SU CUARTO).

 

ABRIL: Pa’mí que no. Así son los hombres, nomás juegan con los sentimientos de una pa’luego botarnos.

 

ANGUSTIAS:: Pues yo creo que si vino de Estados Unidos a buscar a Soledad es porque deveritas quiere casarse con ella.

 

ABRIL:  Pues no hay que cantar victoria. Aún pueden pasar muchas cosas.

 

SOLEDAD ENTRA CORRIENDO. SE LE VE TEMBLOROSA. EN SU MANO IZQUIERDA LLEVA UNA BOLSA DE PLASTICO LLENA DE DINERO. SU MANO DERECHA ESTA MANCHADA DE SANGRE. AL VER A LAS MUJERES, TRATA DE OCULTAR SU MANO ENTRE SUS FALDAS. LAS MUJERES LA MIRAN EN SILENCIO. SOLEDAD SE ACERCA A SU CUARTO. AL ABRIR LA PUERTA, DEJA CAER LA BOLSA QUE RECOGE LO MAS PRONTO QUE PUEDE. NO SE DA CUENTA QUE DEJA UNOS BILLETES EN EL PISO. ESPERANZA, QUE HA SUBIDO DETRÁS DE ELLA, LA OBSERVA. ESPERA QUE SOLEDAD SE META A SU CUARTO PARA ACERCARSE Y RECOGER LOS BILLETES QUE ESCONDE ENTRE SUS SENOS.

 

DOÑA PRUDENCIA: (SALE DE SU CUARTO) (ENFRENTÁNDOSE A ESPERANZA) Aún no entiendo por qué le dijo a Juan que viniera a ver a Soledad.

 

ESPERANZA:: (EVITANDO MIRARLA) Yo no le dije que viniera.

 

DOÑA PRUDENCIA: Pero se lo insinuó, que es lo mismo.

 

ESPERANZA: Si lo hice fue porque creí que sería una buena idea que volvieran a encontrarse. Soledad ha sufrido mucho desde que Juan la abandonó y pensé que sería mejor para ella verlo... hablarle... que se convenciera.

 

DOÑA PRUDENCIA: ¿De qué?

 

ESPERANZA: De que nunca se va a casar con él.

 

DOÑA PRUDENCIA: Pues ya ve que se equivoca. Se casarán dentro de pocas horas.

 

ESPERANZA: Me alegro por ella.

 

DOÑA PRUDENCIA: Ojalá fuera sincera.

 

SOLEDAD SALE DE SU CUARTO CON UNA MALETA VIEJA. NO SE DA CUENTA QUE DEJA UN POCO ABIERTA LA PUERTA.

 

DOÑA PRUDENCIA: ¿Qué lleva ahí?

 

SOLEDAD: ¡Qué le importa!

 

DOÑA PRUDENCIA SE LE ACERCA TAPÁNDOLE EL PASO. SOLEDAD LA AVIENTA DEJANDO CAER LA MALETA LA CUAL SE ABRE DEJANDO VER ROPA DE ULISITO..

 

DOÑA PRUDENCIA: (VIENDO LA ROPA)  Se va a deshacer también de su hijo, ¿No es cierto?

 

SOLEDAD: (RECOGE LA ROPA Y LA PONE NUEVAMENTE EN LA MALETA) Nadie va a ser un obstáculo para casarme con Juan, ¿Entiende? ¡Nadie! (SALE)

 

ANGUSTIAS. ¡Dios mío, no tengas misericordia de ella!

 

ABRIL: ¡No es justo!

 

DOÑA PRUDENCIA: (PARA SI) ¿Desde cuándo ha habido justicia en nuestras vidas?

 

ANGUSTIAS: ¿Qué dice?

 

DOÑA PRUDENCIA: Que ya estuvo bueno que ella sola cargue con las frustraciones de ustedes... ¡Que haga lo que quiera!  (ENFRENTÁNDOLAS) Les da coraje porque ustedes no se atreven a hacer nada por ustedes mismas. Ni siquiera a derramar una lágrima. Ustedes quisieran gritar como Soledad, llorar por sus almas podridas de espera. Pero no. No se atreven a hacerlo porque entonces las demás nos enteraríamos de sus frustraciones, de su deseo de ser amadas por un hombre.

 

ABRIL: Ya párele señora. No abuse del respeto que le tenemos por su edad.

 

DOÑA PRUDENCIA: ¿Y creen que pueden ofenderme? Nada que dijeran lo lograría. Así que no se frenen. Lo que pasa es que no pueden decir nada en mi contra. Yo también tuve una vida y sabe Dios que supe aprovecharla. Tuve un marido – que Dios tenga en su gloria—un hijo, una vida completa como mujer.

 

ABRIL: Sí, solo que su hijo no se ocupa de usted.

 

DOÑA PRUDENCIA: ¿Y quién le dijo que no se ocupa de mí?

 

ABRIL: Nunca hemos visto que venga a visitarla. Si se ocupara de usted, ¿Por qué trabaja hasta los sábados lavando ropa ajena? Usted sabe que no es verdad. Si su hijo la quisiera, trataría de ayudarla y no dejaría que se acabe como lo está haciendo.

 

DOÑA PRUDENCIA: Él vive lejos de aquí. Tiene familia que atender. Si usted no lo ha visto cuando ha venido, no es mi culpa.

 

ESPERANZA: Sucede que ninguna de nosotras lo ha visto.

 

DOÑA PRUDENCIA: ¡Y eso a mí que me importa! Además, no tengo por qué darles explicaciones. (SALE)

 

ABRIL: ¡Vieja mentirosa!

 

ANGUSTIAS: No le digas así.

 

ANGUSTIAS Y ABRIL SE ACERCAN A LOS LAVADEROS Y COMIENZAN A LAVAR. ESPERANZA MIENTRAS TANTO JUEGA CON EL AGUA DEL LAVADERO PERO ESTA VEZ SU JUEGO ES MUY SENSUAL, MOJÁNDOSE EL CUELLO, EL ROSTRO, ETC. AL MISMO TIEMPO QUE SE ESCUCHA EL DIÁLOGO ENTRE ABRIL Y ANGUSTIAS, ESPERANZA CANTA EN UN TONO APENAS PERCEPTIBLE.

 

ABRIL: ¿Y por qué no? Cree que nos vamos a tragar el cuento de su hijo así como así, pero la verdad es que se me hace que ni hijo tiene.

 

ANGUSTIAS: Yo he visto sus fotos en su cuartito. Tiene varias. Cuando estaba bebé, otra de más grandecito, como de diez años y otra que tiene colgada en la pared. En esa parece que tiene ya más de veinte años y se ve que está guapo.

 

 

ESPERANZA:  (CANTANDO)

Como se lleva un lunar

todos podemos una mancha llevar.

En este mundo tan profundo,

quien muere limpio

no ha sido humano.

 

Si vieras que terrible resulta

la gente demasiado buena.

Como no comprende,

parece que perdonan

pero en el fondo,

siempre nos condenan.

tra,la,la,la...

 

 

ABRIL: Pues yo hasta no verlo de carne y hueso no le creo. Además no me gusta que nos diga chismosas. Una cosa es que nos interese lo que sucede aquí y otra que estemos comunicando a todo el mundo de lo que nos enteramos, ¿Oh, no?

 

ANGUSTIAS: Sí, tienes razón, pero la señora ya está vieja y no hay que hacerle caso. “A palabras necias, oídos sordos”...  (MIRANDO A ESPERANZA) Oye, ¿Qué está cantando Esperanza?

 

ANGUSTIAS: Shhht. Déjame oír...

 

ESPERANZA: (CANTANDO)

“Vuelve conmigo mi amor,

que tus errores no me causan dolor

pues mucho más que todos ellos

vale uno solo de tus cabellos.

Como eres, así te quiero.

Por eso, ya ves.

Quiero sentir tu mirada;

doy espaldas al mundo

para adorar tu cara...”

 

ABRIL: (IRONICA) ¡Bonita canción, Esperanza!

                                                                       

ESPERANZA LAS MIRA COMO REGRESANDO DE UN SUEÑO. LES SONRIE SIN GANAS.

 

ESPERANZA: ¿Qué les parece ésta? (CANTA MIRANDO AL CUARTO DE SOLEDAD)

 

“Cuando un amor se va

que desesperación,

cuando un cariño muera

nada consuela, mi corazón...”

 

ANGUSTIAS: (INCOMODA) No es muy gracioso.

 

ESPERANZA: (CANTA BURLONAMENTE)

“Pero no hay que llorar,

hay que saber perder,

lo mismo pierde un hombre,

que una mujer”...

 

ABRIL: Si Soledad te oyera...

 

ESPERANZA: (IRONICA) Pero no puede... además, no veo por qué se ofendería. ¿No dice que se va a casar con Juan?

 

ANGUSTIAS: Ay, yo no sé que pensar. Quisiera creerle a ese tipo pero conociéndolo...

 

ABRIL: Pues yo sí le creo. No veo por qué no habría de casarse con ella, sobretodo ahora que realmente se ha puesto más bonita.

 

ESPERANZA: ¿Y qué me dices de él?

 

ABRIL: ¿De él?

 

ESPERANZA: Sí, a poco no te fijaste que regresó más guapo.

 

ABRIL: Ahora que lo dices... pues sí. Como que se puso más petacón.

 

ANGUSTIAS: (ENTUSIASMADA) ¡Más buenote!... (SE RUBORIZA)

 

ABRIL: Con razón Soledad le llora tanto. Ha de ser difícil tener un semental como él a lado y luego perderlo.

 

ANGUSTIAS: Ay sí, no quiero ni pensarlo.

 

ABRIL: ¿Se lo imaginan en calzoncillos?

 

TODAS RIEN

 

ANGUSTIAS: ¡Ave María Purísima!

 

ESPERANZA: Yo me lo imagino bañándose en un río completamente desnudo.

 

ANGUSTIAS: ¡Dios mío! Recógenos en tu santa gracia por lo que estamos diciendo (SE PERSIGNA).

 

ABRIl: Mejor que nos “recoja” Juan... (RIE)

 

ANGUSTIAS: ¡Abril!

 

ENTRA JUAN

 

JUAN: (BURLON) ¿Aún no terminan de lavar?

 

ANGUSTIAS, ABRIL Y ESPERANZA: (ASUSTADAS) ¡Juan!

 

JUAN: Huuy... parece que vieron al diablo.

 

JUAN SE ACERCA A LA PUERTA DEL CUARTO DE SOLEDAD. ANGUSTIAS, ABRIL Y ESPERANZA SE ACERCAN A SUS LAVADEROS Y CONTINÚAN LAVANDO LA ROPA. SIN VOLTEAR A VERLO, LAS TRES MUJERES PERCIBEN QUE JUAN SE ACERCA AL CUARTO  DE SOLEDAD.

 

ANGUSTIAS, ABRIL Y ESPRANZA: ¡No está!

 

JUAN: (BURLÓN) ¡Pero que metiches son! Bueno, pues ya que lo saben todo, ¿Adónde fue?... (SILENCIO)... ¿No me escucharon?... (SILENCIO)... Huuy... parece que les tragó la lengua los ratones... (SILENCIO. JUAN SE ACERCA INSINUOSAMENTE A ANGUSTIAS) Usted sí me va a decir dónde está, ¿verdá?... (ANGUSTIAS LAVA RAPIDO SIN VERLO. JUAN SE ACERCA A ABRIL Y LE TOMA UNA MANO) Mire no más que trabajadora. No talle tan fuerte. Se puede estropear sus lindos dedos... (LE BESA LA MANO)... ¿Sabe dónde fue Soledad?... (ABRIL SIGUE LAVANDO SIN VOLTEAR A VERLO. JUAN SE ACERCA A ESPERANZA Y PEGA SU CUERPO POR ATRÁS DEL DE ELLA. ESPERANZA PERMANECE INMOVIL)... cómo no me había dado cuenta de lo chula que está usted... apuesto que tiene un cuerpo muy hermoso debajo de esas ropas... usted si me va a decir dónde está Soledad, ¿verdad?... (ESPERANZA TALLA DESESPERADAMENTE Y LE PEGA CON LOS CODOS A JUAN, QUIEN AL SENTIR EL GOLPE, RIE) Bueno, bueno, si me responden les prometo que les doy algo que les va a gustar mucho.

 

ANGUSTIAS: ¿Qué?

 

JUAN: Un hijo pa’cada una. (RIE)

 

ESPERANZA: ¡Pendejo!

 

ABRIL: ¡Imbécil!

 

ANGUSTIAS: ¡Hijo de puta!... (SE TAPA LA BOCA POR PENA)

 

JUAN: ¿No que no hablaban?

 

 ANGUSTIAS: Mire, no sabemos dónde está Soledad.

 

ABRIL: Así que lárguese con sus pendejadas a otro lado.

 

JUAN: No llevo prisa. Por qué no se portan buenitas y así podemos platicar mientras la espero.

 

ANGUSTIAS: No sabemos a qué hora regrese.

 

JUAN: No se preocupen. Sé que no va a tardar mucho.

 

ESPERANZA: Mire, estamos ocupadas, así que si no le molesta...

 

JUAN: ¡Qué hermosos ojos tiene usted! ¿Se lo habían dicho?

 

ESPERANZA: ¡Desgraciado!

 

DEL CUARTO DE SOLEDAD SE ESCUCHA EL LLANTO DE LA NIÑA. LAS MUJERES SE OBSERVAN TEMEROSAS. SE FORMA UN SILENCIO PESADO. JUAN PERCIBE EL LLANTO Y VE LA REACCIÓN DE LAS MUJERES.

 

JUAN: ¿Nunca habían escuchado a un bebé llorar, o qué les pasa?

 

NINGUNA DE LAS TRES MUJERES SE MUEVE DE SU LUGAR. DOÑA PRUDENCIA SALE DE SU CUARTO. AL VER A JUAN NO SABE SI CONTINUAR SU CAMINO HACIA EL CUARTO DE SOLEDAD O NO. TITUBEA Y SIMULA IR A LOS LAVADEROS A RECOGER ALGO QUE OLVIDO.

 

JUAN: Hola señora... ¿Cómo está?

 

DOÑA PRUDENCIA: (SECA) Si viene a buscar a Soledad ,no está.

 

JUAN: De eso ya me di cuenta desde hace rato.

 

DOÑA PRUDENCIA: Si quiere yo le digo que vino a buscarla cuando regrese.

 

EL LLANTO DE LA NIÑA SE ESCUCHA MAS FUERTE. LAS MUJERES COMIENZAN A MOSTRAR NERVIOSISMO.

 

JUAN: No, la voy a esperar.

 

DOÑA PRUDENCIA: Creo que va a tardar Juan. Por qué no se va y...

 

JUAN: ¿Y por qué quiere que me vaya?

 

DOÑA PRUDENCIA: (SECA) No quiero que se vaya. Si quiere quédese.

 

EL LLANTO DE LA BEBITA SE ESCUCHA CADA VEZ MAS FUERTE.

 

JUAN: Bueno... ¿Qué no hay nadie que calle a esa escuincla? ¿De quién es?

 

LAS MUJERES EVADEN SU MIRADA.

 

JUAN: ¡Me lleva la chingada!...La que sea la madre de esa cosa que está llorando que vaya y la silencie. No quiero estar escuchando esos gritos mientras espero a Soledad.

 

ABRIL: Entonces váyase porque la niña no se va a callar. Así nos deja en paz.

 

JUAn: Huuy que calzonuda me salió usted. Más vale que cuide esa lengua si no quiere enfrentarse con un hombre.

 

JUAN PERCIBE QUE LOS LLANTOS DE LA NIÑA PROVIENEN DEL CUARTO DE SOLEDAD. INTENTA ACERCARSE AL CUARTO PERO DOÑA PRUDENCIA SE LO IMPIDE.

 

DOÑA PRUDENCIA: Mire, si no tiene inconveniente le suplico que espere a Soledad abajo del edifico. Nosotras tenemos muchas cosas que hacer.

 

JUAN: Pues háganlas. Yo no las tengo agarradas de las manos.

 

DOÑA PRUDENCIA: Como quiera. (DOÑA PRUDENCIA SE ACERCA A LOS LAVADEROS. LAVA ALGUNA ROPA)

 

JUAN: Oiga...

 

DOÑA PRUDENCIA: ¿Qué?

 

JUAN:  ¿La chamaca que está llorando es de Soledad, verdad?

 

DOÑA PRUDENCIA: No.  Es mi nieta.

 

JUAN: No le creo.

 

DOÑA PRUDENCIA: ¿Por qué no?

 

JUAN:  Por qué los chillidos salen del cuarto de Soledad.

 

ANGUSTIAS: Váyase, por favor.

 

ABRIL: Cállate, Angustias.

 

JUAN: ¿Es de Soledad?

 

ANGUSTIAS: Váyase.

 

JUAN: (TOMA A ANGUSTIAS DE LOS HOMBROS) ¿Es de Soledad? ¡Contésteme!

 

ABRIL: ¡Déjela en paz! Sí, es de Soledad.

 

DOÑA PRUDENCIA: ¡Abril!

 

ABRIL: Para qué se lo seguimos ocultando si de todas formas se tiene que enterar.

 

JUAN: Así que de esa manera me extrañaba Soledad. Calentándose con uotro cabrón.

 

DOÑA PRUDENCIA: Deje que Soledad le explique todo.

 

JUAN: ¡Explicarme!...¿Explicarme que se abrió de patas mientras yo no estaba? Parece que no le fue suficiente haber parido a un chamaco sino ahora ya dos...

 

DOÑA PRUDENCIA: ¿ Y qué piensa hacer? ¿Ya no se va a casar con ella?

 

JUAN: Lo que pienso hacer es mi pedo ¿No?

 

DOÑA PRUDENCIA: (MIRÁNDOLO CON CORAJE) Así es. (SE METE A SU CUARTO).

 

JUAN: (A ANGUSTIAS) ¿Qué es?

 

ANGUSTIAS: (APENADA) Niña.

 

JUAN: Lo que me faltaba (IRÓNICO) Ya tengo la parejita.

 

ABRIL: Para que vea que hay hombres que no sólo prometen hacer hijos sino que los hacen.

 

JUAN: ¿Me está retando? (SE LE ACERCA)

 

ABRIL: No se atreva a poner una mano encima de mí por que...

 

JUAN: ¿A qué le tiene miedo? ¿A que la viole? (LA TOMA POR LA FUERZA. FORCEJEAN)

 

ANGUSTIAS: ¡Juan, déjela en paz!

 

JUAN: (A ABRIL) Ande, deme un besito, le va a gustar.

 

ANGUSTIAS: ¡Respétela!

 

ESPERANZA: (SE ACERCA A JUAN. LO SEPARA DE ABRIL)¡ Déjala, Juan!

 

JUAN: Tu no te metas.

 

ESPERANZA: Creo que ya es hora que te vayas.

 

JUAN: No me iré con las manos vacías.

 

ESPERANZA: Yo sé como puedes conseguir lo que necesitas.

 

JUAN: (EN DOBLE SENTIDO) ¿Y quién me lo va a dar?

 

ESPERANZA SE METE AL CUARTO DE SOLEDAD. SACA LA BOLSA DE DINERO QUE SOLEDAD METIO HACE UNOS INSTANTES.

 

ESPERANZA: (A JUAN) Vamos afuera.

 

ANGUSTIAS: (A ESPERANZA) ¿A dónde vas?

 

ESPERANZA LA MIRA SIN RESPONDER. JUAN LA TOMA DE LA CINTURA. SALEN LOS DOS. LAS MUJERES LOS MIRAN. DESPUES DE UN SILENCIO PESADO.

 

ANGUSTIAS: ¡Protégela, Dios mío!

 

ABRIL: ¿Qué habrá sacado del cuarto?

 

ANGUSTIAS: No sé. (TRANS) ¿No te lastimó?

 

ABRIL: No estoy bien, gracias.

 

ANGUSTIAS: ¿Qué pasará ahora?

 

ABRIL: Pues para mí que Juan ya no se casa con Soledad.

 

ANGUSTIAS: En mal momento empezó a llorar la niña.

 

ABRIL: Ha de ser muy bonita.

 

ANGUSTIAS: Sí. El Epimeteo no era nada feo.

 

ABRIL: Y no podemos negar que Soledad es guapa.

 

ANGUSTIAS: Y una suertuda. Dos hombres le han hecho hijos y todavía un tercero está a punto de casarse con ella.

 

ABRIL: Pinche Juan... (PARA SI) Es guapo

 

ANGUSTIAS: (COMO IDA. SUSPIRA) Es guapo.

 

ABRIL LE PEGA CON EL CODO A ANGUSTIAS.

 

ANGUSTIAS: ¿Qué?

 

ABRIL: Esperanza dejó abierta la puerta de Soledad.

 

ANGUSTIAS: (COMO HACIENDO UNA TRAVESURA) ¿Vamos a ver a la niña?

 

LAS DOS SE MIRAN. SONRÍEN COMPLICES. ENTRA SOLEDAD. YA NO TIENE LA MALETA QUE HACE UN MOMENTO CARGABA. SE LE NOTA DESESPERADA.

 

ANGUSTIAS Y ABRIL: (ASUSTADAS AL VERLA) ¡Soledad!

 

SOLEDAD PARECE NO VERLAS. SE METE A SU CUARTO.

 

ABRIL: (A ANGUSTIAS) ¿Se lo decimos?

 

ANGUSTIAS: No sé que hacer.

 

ABRIL: Vamos a preguntarle a Doña Prudencia. Ella tiene buenas ideas. (SE ACERCAN AL CUARTO DE DOÑA PRUDENCIA) ¡Doña Prudencia!...¡Salga por favor!

 

DOÑA PRUDENCIA: (SALIENDO) ¿Qué quieren, ahora?

 

ANGUSTIAS Y ABRIL: Ya regresó Soledad.

 

ANGUSTIAS: Hay que decirle que vino Juan.

 

DOÑA PRUDENCIA: Pues vayan a decírselo.

 

ANGUSTIAS Y ABRIL: ¿¿Nosotras???

 

DOÑA PRUDENCIA: No esperarán que se lo diga yo.

 

ABRIL: A nosotras no nos va a creer.

 

ANGUSTIAS: Además a mí me da mucho miedo. Ya ve que soy re’tonta.

 

DOÑA PRUDENCIA: Entonces dejemos las cosas como están.

 

SOLEDAD SALE DE SU CUARTO CON UNA MALETA GRANDE. EN UNO DE SUS BRAZOS SOSTIENE A SU BEBITA. ESCUCHA LO QUE ESTÁN HABLANDO SIN QUE ELLAS LA VEAN.

 

ANGUSTIAS: Pero es que si Soledad se entera de lo que acaba de pasar, es capaz de hacer una locura. Además ¿Qué le vamos a decir? ¿Qué vino Juan y se enteró de su niña?..

 

SOLEDAD: (GRITA) ¡¡¡No!!!

 

ANGUSTIAS, ABRIL Y DOÑA PRUDENCIA REACCIONAN SORPRENDIDAS ANTE EL GRITO. AL VER A SOLEDAD ENMUDECEN.

 

SOLEDAD: (FURICA) ¿Quién fue?

 

LAS MUJERES LA MIRAN SIN RESPONDER.

 

SOLEDAD: ¡Contesten!...¿Quién le dijo a Juan que tengo  una hija?

 

DOÑA PRUDENCIA: ¡Cálmese, Soledad!

 

SOLEDAD: ¡¿Quién fue?!

 

DOÑA PRUDENCIA: Juan vino a buscarla hace un momento y  su hija comenzó a llorar. Como ve, no hubo necesidad de decirle nada.

 

SOLEDAD: ¡Mienten! Juan no sabe nada. Además yo sé que no ha venido para acá. Quedamos de encontrarnos en casa de Pepe. Ahí es donde está él esperandome. ¡Esa es la verdad!

 

DOÑA PRUDENCIA: ¡Su verdad!

 

SOLEDAD: (CONTENIDA) No me obligue a golpearla, señora. Sabe que soy capaz de hacerlo.

 

DOÑA PRUDENCIA: Si está tan segura de que Juan la espera, le propongo un trato. Deme a la niña y si Juan llega, le prometo que se la cuidaré para siempre. Si no, cuando usted regrese se la devolveré. También déjeme a Ulisito.

 

SOLEDAD: A Ulisito ya lo mandé con su abuela y su padre.

 

DOÑA PRUDENCIA: Pero ellos no viven en esta ciudad.

 

SOLEDAD: ¿Y a mí qué? Le empaqué sus cosas y lo subí al camión. Su abuela estará feliz de recibirlo.

 

DOÑA PRUDENCIA: Pero está muy chico. Se puede perder.

 

SOLEDAD: ¡Y eso a mí qué me importa!

 

DOÑA PRUDENCIA: ¡Está loca!

 

SOLEDAD: Voy a tener más hijos, señora. De Juan y míos. Ulises pronto se olvidará de mí. Yo ya lo olvidé.

 

DOÑA PRUDENCIA: Déjeme entonces a la niña.

 

SOLEDAD: ¡Primero la mato antes que dejarla con usted!

 

DOÑA PRUDENCIA: Hace unas horas me la quería dejar.

 

SOLEDAD: Usted lo ha dicho. Hace unas horas, pero usted no merece que la haga feliz con mi hija.

 

SOLEDAD SALE.

 

ANGUSTIAS: ¡Soledad, no se vaya!

 

ABRIL: ¡Soledad!

 

ANGUSTIAS: Pobre mujer.

 

ABRIL: ¿Qué hará con la niña?

 

ANGUSTIAS: No sé...que yo sepa no tiene familiares con quien dejarla.¿Por qué no se la quiso dejar a usted? Con cuanto amor la hubieramos cuidado.

 

ABRIL: (A DOÑA PRUDENCIA) ¿Qué se siente ser madre?

 

ANGUSTIAS: Sí señora, díganos.

 

DOÑA PRUDENCIA: No es fácil describirlo. Además no todas las mujeres sentimos lo mismo.

 

ANGUSTIAS: Díganos qué sintió usted.

 

DOÑA PRUDENCIA: (RECORDANDO EMOCIONADA)  Sentí un calorcito aquí en el vientre... cuando me embaracé, me preguntaba si mi bebé estaría cómodo aquí dentro...si tendría calor o frío, hambre o sueño...sus primeros movimientos me asustaron y cuando me creció la panza, me daba risa ver como se movía sin que pudiera hacer algo por detenerlo. A veces se me clavaba en las costillas y me dolía horrible. Durante el tiempo de embarazo, nada me hacía enojar, al contrario, me sentía la mujer más feliz, más poderosa de la tierra. Cuando nació, me pasaba mirándolo... que si ya guiñó el ojo, que si movió la manita... ¡descubrí la vida a través de mi hijo!

 

ENTRA ESPERANZA. UNA SONRISA MISTERIOSA DIBUJA SU ROSTRO.

 

ANGUSTIAS: ¡Esperanza, qué bueno que llegas! Doña Prudencia nos está contando qué se siente ser madre.

 

ABRIL: (ENTUSIASMADA, A DOÑA PRUDENCIA) ¡Siga!

 

DOÑA PRUDENCIA: (A ESPERANZA) ¿Por qué tardó tanto?

 

ANGUSTIAS: ¡Dios mío! Seguramente te hizo algo ese desgraciado.

 

ABRIL: ¡Se quiso propasar contigo?

 

ANGUSTIAS: ¡No lo quiera Dios!

 

ESPERANZA: (SONRIENTE) Estoy bien. (EN DOBLE SENTIDO) No me hizo nada malo.

 

DOÑA PRUDENCIA: ¿Nos quiere decir por qué salió con él?  Hay algo que usted sabe desde que lo vio en el mercado y que no nos ha dicho, verdad? ¿A dónde se lo llevó?

 

ESPERANZA: (COMO IDA) Cuando salimos de aquí, se me ocurrió que si lo llevaba a un lugar tranquilo donde pudiéramos hablar se tranquilizaría, lograría convencerlo de que aceptara a la hija de Soledad y lo convencería de que se casara con ella. (PAUSA) Fuimos al parque... no había nadie... empezamos a  hablar y mientras lo escuchaba se me figuró otra persona... se portó muy distinto, muy caballeroso... muy tierno... fue curioso... mientras estábamos juntos, el cielo se  llenó de palomas... (HABLA Y SE MUEVE SENSUALMENTE) eran palomas de muchos colores y tamaños... eran palomas muy diferentes a las que siempre había visto: en el cielo, sobre las bancas, en el pasto, sobre mi cuerpo... aleteaban y daban calor, tranquilidad y luz. Una luz cálida, húmeda....

 

DOÑA PRUDENCIA: ¡Dios mío!

 

ABRIL: ¿Qué pasa, doña Prudencia?

 

DOÑA PRUDENCIA: (RIE NERVIOSA) ¡De manera que todo ha sido sólo para que usted!... ¡Por qué  no me dí cuenta desde el principio!

 

ANGUSTIAS: ¿Qué le pasa, doña Prudencia? ¿Se siente bien?

 

DOÑA PRUDENCIA: No. Me siento asqueada de ustedes. Me siento asqueada de mí misma... de tanta hipocresía.

 

ABRIL:  No la entiendo.

 

DOÑA PRUDENCIA: (A ESPERANZA)  Acláreles su gran hazaña o lo haré yo sin miedo a equivocarme.

 

ESPERANZA: (BURLONA) ¿Por dónde quiere que empiece? ¿Por las palomas?

 

ANGUSTIAS: (INGENUA) Ay, sí. Quisiera saber más, sobretodo si son tan bonitas como dices.

 

ESPERANZA: ¿Quieres saber como se te pueden aparecer?

 

ANGUSTIAS: Ay, sí.

 

ESPERANZA: Muy fácil. (DIRECTA) Consiguete a un hombre que te haga el amor.

 

ANGUSTIAS: (ASUSTADA) ¿Es una broma, o qué?

 

DOÑA PRUDENCIA: No, por desgracia no es ninguna broma.

 

ABRIL: (SORPRENDIDA) Entonces tú y Juan...¿Cómo pudiste?

 

ESPERANZA: Por que tengo cuerpo y deseo. Por que no puedo permitir pudrirme como ustedes y sobretodo, por venganza.

 

ABRIL: ¡Debes estar loca!

 

ESPERANZA: ¿Por qué? Por haberme atrevido a hacer lo que a ustedes les hubiera gustado? Sé que cualquiera de ustedes dos hubieran dado lo que sea por sentir el cuerpo de Juan desnudo  pegado al suyo, pero no... ¡Cómo!... entonces demostrarían lo que siempre han querido... ¡qué alguien las haga mujeres!... Pues véanse en mí. Yo soy su parte que no pueden aceptar.

 

ABRIL: Tú planeaste todo esto desde que lo viste ayer y decidiste usarnos, ¿No es cierto?

 

ESPERANZA: No. No fue precisamente lo que planee pero no puedo negar que el resultado fue mucho mejor de lo que esperaba. ¿Quieren saber  por qué vino a buscar en realidad a Soledad?  Por dinero... (RIE) ja,ja,ja... ¿El muy pendejo!...Ayer que lo ví le mentí. Le hice creer que Soledad había heredado  harta lana y que seguramente le gustaría gastársela con él. Hice que viniera sólo para que Soledad lo viera y sufriera aún más cuando la abandonara otra vez. Lo de la boda lo inventó él como una manera de sacarle toda la lana de un jalón. 

 

ABRIL: Y nos usaste a nosotras para conseguir lo que querías. ¡Maldita! Seguramente ahora te irás con Juan mientras la pobre de Soledad lo espera para casarse.

 

ESPERANZA: No. Yo no lo amo. Ese hombre está acostumbrado a usar a las mujeres a su antojo. No pasó eso conmigo. Yo lo usé a él. Y ahora Soledad sentirá lo que sentí yo cuando me arrebató a mi hombre.

 

 ABRIL: ¡Ya debes estar satisfecha!

 

ESPERANZA: Sí, pero lo estaré más cuando la metan a la cárcel.

 

ANGUSTIAS: ¿Qué?

 

ESPERANZA: Que si tanto la querías ayudar como decías hace rato, lo podrás hacer visitandola en la cárcel, porque para conseguir el dinero que quería Juan, Soledad mató a Don Chucho.

 

ABRIL: ¡Mientes!

 

ESPERANZA: Ve a la tienda y verás su cadaver. Lo mató, metió toda la lana en una bolsa de plástico y ...

 

ABRIL: (INTERRUMPE)  La que sacaste de su cuarto y le diste a Juan cuando saliste de aquí.

 

ESPERANZA: Vaya, cuando menos lo chismosa te ha servido para entrenar la pupila.

 

DOÑA PRUDENCIA: (PARA SI)  Que vivan las que quieran vivir ...

 

LA LUZ DEL ESCENARIO BAJA. UN SPOT ILUMINA A ESPERANZA Y LUEGO A CADA UNA DE LAS MUJERES QUE HABLAN POR SEPARADO.

 

ESPERANZA: (RIE) ¡Un hijo!... Dios mío... un hijo.. .nunca creí que fuera así. Siempre lo imaginé espantoso... la sangre... el dolor... antes de dormir siempre me preguntaba lo mismo. Lloraba mordiendo la almohada para no gritar... no podía dormir. Hoy ví una paloma, luego otra, muchas que volaban y reían encima  de mí. Cantaban algo extraño, hermoso y yo estaba acostada y ya no me preguntaba nada, sólo miraba...sentía...

 

ABRIL: Sentía la sangre que escurría de mi boca... estaba tirada sobre una pila de basura. Mi blusa rota levantada hasta la cintura. Mi cuerpo estaba entumido, no podía moverme. Me quedé mirando al cielo. Era temprano. Una nube tapó el sol y luego otra... era temprano... sin ruidos... ningún dolor... debía haber llegado al trabajo hacía mucho tiempo pero no me preocupaba. No quería levantarme. La nube se apiadó de mí y volvió a salir el sol.... un sol muy diferente, muy rojo, muy caliente... su tamaño llenaba todo el cielo, sentía que me quemaría si permanecía allí, pero no tenía miedo. Estaba sola, tirada sobre la basura pero.... no tenía miedo...

 

ANGUSTIAS: Me da miedo... cuando me alacio los cabellos frente al espejo, la mujer que se refleja me da miedo. Sus ojos se me quedan viendo fijamente, profundamente... esa mirada vacía que me habla, que me jala hacía ella. Esa mujer se desfigura y veo el rostro de un niño pequeñito que llora y que me pide salir. ¿De dónde? Le pregunto... llora y quiere salir.... y yo recuerdo un secreto... que mis padres nunca se enterarían de ese pedazo de carne de tres meses que se movía y que el doctor puso a mi lado para no olvidarlo nunca... y el niño llora y yo lloro...

 

DOÑA PRUDENCIA: Y yo lloro porque ya no me quiere ver... cuando corría alrededor de la cisterna siempre pensé que se caería dentro y le gritaba. Le pegaba en su cuerpecito para que entendiera y se alejara. Me dolían a mí más esos golpes que a él. Pero no me entendía. Mi marido también le pegaba y me asustaba cuando lo hacía... lo agarraba con mucha saña y yo no podía defenderlo

porque me decía, “Déjalo. Así se va a hacer hombre”. Yo lloraba en silencio porque mi hijo nos hablaba en silencio y eso su padre no lo comprendía... era travieso como todos los chamacos... traté de impedir sus travesuras para que mi marido no lo regañara ni le pegara porque... ¿Qué culpa tenía mi hijo de ser travieso... y hablara en silencio?. Mi marido nunca lo entendió. El quería un hijo normal, pero... (SUSPIRA) Ay, m’ijo... como quisiera que no te hubieras peleado con tu padre... como quisiera no haber dejado el cuchillo en la mesa... como quisiera que me dejaras decirte que te sigo amando, pero cada ves que te visito en la carcel lo unico que escucho es tu silencio.

 

EL ESCENARIO SE ILUMINA UN POCO MAS. ENTRA SOLEDAD CARGANDO LA MALETA. SU MIRADA ESTA PERDIDA. SUS PARLAMENTOS SIGUIENTES SERAN COMO UN CONSTANTE DESVARIO.

 

SOLEDAD: Shht... silencio... la niña puede despertar... ¿Juan?... no estaba... lo busqué... lo esperé... no estaba... (COMO SI ESTUVIERA HABLANDO CON DON CHUCHO, REVIVE EL MOMENTO DE CUANDO LO ACUCHILLA) ¡Don chucho, cómpreme el anillo, se lo suplico, necesito el dinero, por favor!... (SIMULA ACUCHILLARLO, VACIAR LA CAJA FUERTE , METER EL DINERO EN UNA BOLSA. SUS MOVIMIENTOS CAMBIAN DE DIRECCION, ESTA VEZ, COMO SI ESTUVIERA CON JUAN)   no quiso ayudarme... Juan, no te preocupes, nos podemos ir sin casarnos... Juan... ¿me dijo que nos casaríamos? (MIRA AL PUBLICO. SEÑALA LA MALETA) shht... no hagan ruido... la niña está durmiendo... pobrecita, ha de estar cansada. Yo iba corriendo, la niña se movía mucho y me daba miedo que se me safara... la apreté a mi cuerpo fuerte... fuerte... se me resbaló... ¡La tiré!... se cayó sobre una piedra... shht... (COMO SI LE HABLARA A SU HIJA) duerme, cielo... (AL PUBLICO) cuando la levanté tenía sus ojitos cerrados y le salía sangre de la nuquita... le limpié la sangre... pobrecita... tenía los ojitos cerrados... no los volvió a abrir... estaría cansada.... (TRANS) ¡Ya voy Juan!... ¡No te vayas!... ¡La niña!... ¡Ayúdenme por favor!... si la meto a la maleta, Juan no la verá. Cuando atravesemos el río se la enseño, así no podrá decir que no la quiere... tan bonita, pobrecita, está cansada...no ha llorado, es tan buenita... shht... mi hija duerme... la traigo conmigo, aquí dentro, acurrucada en mi ropa... ¡Juan, no te vayas!... ¡Espérame!... shht... mi niña duerme, no hagan ruido.

 

SOLEDAD ABRAZA LA MALETA MIENTRAS CANTA UNA CANCION DE CUNA.

 

TELON.